'Un minimal' humanizado

  • Roni Horn exhibe en el CAC hasta el 30 de marzo una serie de imágenes de soporte fotográfico que muestran en sus rostros cómo la identidad es un proceso cambiante

Comentarios 0

La exposición de Roni Horn evidencia la aportación en la última década de esta artista a los discursos de la identidad y apariencia, temas tan caros a ella como fundamentales en el arte último. Frente a otros autores que optan por investigar las facetas menos evidentes y ocultas del prisma humano, o sus proyecciones identitarias más extravagantes, obscuras, diferenciadoras o minoritarias en contraposición a lo mayoritario malentendido como homologador, Horn bucea en lo esencial de todo ser: los sentimientos y el pathos.

El trabajo de Horn muestra cómo la identidad es un proceso, y, por tanto, resulta cambiante, variable, en construcción y, en muchos casos, fugitivo. Un proceso que toma cuerpo en la fisonomía del ser humano, en la apariencia del individuo mediante gestos que esconden sentimientos, estados de ánimo y actitudes. La manifestación de esa variabilidad toma soporte en lo fotográfico, lo que permite, merced a las dosis de objetividad y de secuenciación de lo fotografiado, insistir en una sola modelo para crear amplias series en las que nunca, a pesar de la similitud de enfoques y planos, se repite el mismo estado, siempre deviene distinto, uno y múltiple. Este empleo en sus series de un motivo tomado como estructura básica o primaria que repite combinatoriamente en una secuencia lleva a que sea considerada como una autora posminimalista.

La obra de Horn prefigura las desinencias de un minimalismo que, con el paso del tiempo y como reacción a sí mismo, fue contaminándose con ciertos rasgos procesuales, discursos y contenidos que hicieron olvidar los posicionamientos fríos, asépticos e impersonales con los que nace en el siglo pasado como reacción a las poéticas subjetivistas del Expresionismo abstracto. Lo paradójico de esta evolución es que en el devenir de la misma acaba, bajo formas artísticas diferentes, volviendo al origen que motivó por oposición su surgimiento.

Si el minimalismo con sus estructuras geométricas primarias, a-referenciales y herméticas quiso contestar al ensimismamiento y exaltamiento individual y sentimental expresionista, el posminimalismo ha tendido a ocuparse de nuevo del espacio humano de los sentimientos, la identidad, el paso del tiempo y la memoria.

Horn no realiza el ejercicio antropológico de objetivación y documentación a través del retrato que ha caracterizado a la fotografía nórdica, aunque ha debido de influirle por sus estancias en Islandia, sino una catalogación de la naturaleza cambiante del propio ser humano y las fluctuaciones sentimentales de los individuos que capta con gran profundidad psicológica. Lo procesual que vino a sensibilizar lo minimal se traduce en Horn en la plasmación del paso del tiempo mediante secuencias que recogen variaciones prácticamente imperceptibles en el sujeto que aluden tanto a la vida interior como permiten, incluso, metaforizar el rostro como trasunto de las contingencias atmosféricas.

Etiquetas

más noticias de OCIO Y CULTURA Ir a la sección Ocio y Cultura »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios