Rojo y negro

El misterio de Melville

  • Andrew Delbanco publica la más completa biografía del autor de 'Moby Dick', un recorrido por la atribulada trayectoria del padre de la novela norteamericana

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Los miembros de aquella memorable generación de escritores de Nueva Inglaterra, Poe y Whitman, Emerson y Thoreau, Haw-thorne y Melville, fueron como los padres fundadores de la literatura norteamericana, pioneros de los tiempos anteriores a la guerra civil y a la conquista o devastación del oeste salvaje. Nacido en Nueva York de madre holandesa, del linaje de los primitivos colonos, y padre bostoniano, Herman Melville hizo de sus tempranas, dilatadas y a veces penosas experiencias en el mar la materia de buena parte de sus libros, donde dejó constancia a menudo irónica de sus peripecias, los rigores y las humillaciones, pero también el misterio y la belleza del océano innumerable. Mediado el XIX, publicó su obra maestra, Moby Dick, la más ambiciosa e inquietante novela norteamericana del siglo. Sin embargo, la mayor parte de su oscura existencia transcurrió alejada del mar y de la aventura.

No en vano el artífice de esta y otras narraciones -como la póstuma e igualmente magistral Billy Budd- que tienen el mar como escenario, es también el desconcertante autor de Bartleby el escribiente, que transcurre en una deprimente oficina de Wall Street, uno de los relatos más ambiguos y fascinadores que se hayan escrito nunca. Incomprensiblemente, el prestigio de Melville comenzó bastante después de su muerte, y aunque el escritor neoyorquino es hoy, gracias sobre todo a la difusión alcanzada por la formidable epopeya de Ahab y la ballena, una figura universalmente reconocida, su obra y su trayectoria siguen ofreciendo numerosas zonas de sombra. Hace unos años se publicó en España una breve e iluminadora semblanza de Elizabeth Hardwick (Mondadori) que abordaba la compleja figura del autor de forma sumaria pero convincente. Ahora aparece, prologada por Antonio Muñoz Molina, esta extraordinaria biografía de Andrew Delbanco que remite a la gran tradición anglosajona del género y está destinada a convertirse en la obra de referencia para todos los interesados en el misterio de Herman Melville, como lo llama el novelista español, un caso extraño que conjuga la singularidad y la rareza con un paradójico y perdurable poder de atracción.

Durante la mayor parte de su vida, Melville fue un hombre desdichado, que después de haber conocido el éxito y la fama en sus comienzos como novelista cayó en un olvido prolongado e implacable. El profesor Delbanco no sólo analiza los estadios de esta evolución descendente, del reconocimiento inicial al fracaso absoluto, sino que presta especial atención al contexto histórico y social del país -la vida de Melville abarca buena parte del siglo- y, de modo particularmente brillante, a la relación entre las vivencias del escritor y sus obras, interpretando, pero sin excesos, lo que éstas revelan de una personalidad progresivamente atormentada que en alguna ocasión rozó el desequilibrio. Recorremos así la infancia y juventud del autor, sus travesías a bordo de barcos mercantes y balleneros, la reconversión del marino en novelista, la íntima e influyente amistad con Hawthorne, el matrimonio que degenera en desastre, la muerte de dos de los hijos, el empleo como anónimo oficinista, el desdén o el silencio de los contemporáneos. Derrota tras derrota hasta la inevitable victoria póstuma. Porque Delbanco también se detiene -todas las obras son impecablemente comentadas, así como las circunstancias de su creación y publicación- en las razones de la vigencia de Melville, en el poder, el "gozo maníaco" y la novedad de su escritura.

Hay un velo de infortunio, dice con razón Muñoz Molina, en todos los retratos de Melville. Pero hay también algo heroico en la figura del modesto oficinista que construye contra viento y marea una obra colosal, llegando a pagar de su bolsillo las ediciones de sus últimos libros. El excelente trabajo de Delbanco no aclara del todo algunas de las aludidas zonas de sombra, porque no existen, como el propio Melville afirmó de Bartleby, "los materiales para una biografía completa y satisfactoria de este hombre", pero constituye el más documentado acopio realizado hasta la fecha y, lo que es más importante, ofrece los argumentos por los que debemos volver a sus novelas, a los libros en los que este hombre derrotado transformó, como un alquimista triste, la desolación y la nada de sus días en oro de primera clase.

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