Los oscuros designios del poder

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Veo todavía en la cartelera provincial uno de los títulos más interesantes de los últimos meses. A dos ya de su estreno en nuestro país y también en nuestras pantallas, su conservación en ellas demuestra que es un film de interés para los espectadores que saben valorar argumentos más adultos y trascendentes que los que habitualmente se nos ofrecen. Me estoy refiriendo a 'Michael Clayton', la 'opera prima' de Tony Gilroy, que, a pesar de su bisoñez como director, es un avezado y prestigioso guionista como ha probado recientemente en la saga sobre las aventuras y desventuras de Jason Bourne, el amnésico y demoledor asesino de la CIA, protagonizada por Matt Damon.

Es oportuno apuntar que el protagonista de 'Michael Clayton', George Clooney, actor de singular atractivo para espectadoras de cualquier edad, es un sagaz productor. Con otros dos realizadores, Clooney también lo es como vimos en su última realización 'Buenas noches, buena suerte' (2005), por cierto inédita en Huelva, Steven Soderbergh, a cuyas órdenes ha interpretado otra saga famosa, la iniciada con 'Ocean´s eleven' (2001) y Sidney Pollack, que vuelve a su vocación de actor en esta película, han estado siempre atentos a cualquier guión interesante que pudiera surgir. Por eso no dudaron en acoger éste de Tony Gilroy, sobre los oscuros designios del poder.

'Michael Clayton' tiene ese 'look' clásico de Hollywood que acierta a combinar de vez en cuando una narrativa muy tradicional, una cuidada puesta en escena, una intriga bien dosificada con un climax oportuno, una acción contenida y unos grandes intérpretes al frente del reparto, encabezado por una estrella de singular atracción, como es el caso de George Clooney, que, insisto, gusta mucho a las mujeres y no le cae mal a los hombres. Con todo lo cual el entretenimiento está asegurado y, como es el caso, la película prueba, una vez más, que no es necesario un cine aparatoso y llamativo, sino una narrativa de violencia permanente, no siempre agresiva, a base de personajes bien perfilados, situaciones y sentimientos que resulten convincentes para el espectador.

Es particularmente atrayente ese ámbito de un grupo de abogados al servicio de una gran empresa bioquímica contra la que se ha presentado una demanda multimillonaria. Entre esos juristas hay uno, especialmente experto en estos litigios, que no pasa por su mejor momento y cuya crisis personal coincide con la frustración en su trabajo, que se ve enfrentado a su propia conciencia y al sentido de la amistad y la lealtad. Las tramas de la corrupción saltan a la vista.

Tony Gilroy ha articulado bien tan delicada cuestión huyendo del fácil melodrama procesal, tan manido siempre, para trasladarlo al ámbito del "thriller", fragmentando adecuadamente la narración, dominando los mecanismos de una puesta en escena que concita las claves del más sustancioso y estimulante cine negro. Además del hábil dominio de estos elementos dramáticos, perfectamente diseñados los atribulados personajes de la trama, expresada sensiblemente la angustia que viven sus protagonistas, 'Michael Clayton', presenta una atractiva visión cinematográfica gracias a su proporcionado y sugerente ritmo narrativo. La contribución de magníficos actores, donde destacan sobre todo Tom Wilkinson, siempre brillante, el propio George Clooney, Tilda Swinton y Sidney Pollack, redondea uno de los films más recordados del último año, que, por ello, es lógico que figure todavía en algunas carteleras.

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