El peluche inteligente

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Esta película aparece y desaparece de la cartelera y se programa los fines de semana pensando, indudablemente, en el público infantil. Curiosamente el protagonista es un conejo de peluche, cuando el conocido lepórido ha estado muy de actualidad en estos últimos días como alimento recomendado por el gobierno.

Ha sido una de las novedades propias de las pasadas fiestas navideñas y es una especie de sucedáneo de otros estilos en el ámbito de ese cine familiar que tanto cultiva Hollywood. Está basada en un relato breve de ciencia-ficción, 'The Last Mimzy', de Lewis Padgett, seudónimo tras el que estaban los escritores Henry Kutner y C. L. Moore, publicado en los años cuarenta del pasado siglo.

Nos presenta la vida de dos niños que descubren en la playa una misteriosa caja con unos extraños dispositivos procedentes del futuro para salvar a la humanidad que los chicos confunden con juguetes. A medida que aumenta el juego con tan extraños artefactos los pequeños experimentan un mayor grado de inteligencia. El propio profesor de los niños confiesa a sus padres que parecen estar convirtiéndose en auténticos genios. Mimzy, un supuesto conejo de peluche, se comunica telepáticamente con los chiquillos que van adquiriendo conocimientos excepcionales. Sus padres se van alarmando a medida que esa sapiencia va en aumento y no tienen más remedio que solicitar ayuda. La tensión se agrava cuando se produce un apagón en la ciudad.

El gobierno rastrea el origen del incidente y localiza el domicilio de la familia. Todos advierten que están ante un suceso excepcional.

En esta película destaca extraordinariamente la intervención de conocidos actores y actrices del cine de Hollywood, si bien la parte más importante corre a cargo de los pequeños intérpretes Rhiannon Leigh y Chris O´Neil, que, por cierto, han encarnado con soltura y convicción sus respectivos cometidos.

Quizás sea lo mejor de esta historia que no ha originado grandes novedades o sorpresas narrativas ni elementos demasiado ajenos al tradicional género de cine familiar que tanto se prodiga en esta época. No es producto en absoluto pretencioso ya que se limita a expresar en imágenes un relato concebido con sencillez y cierta calidad en su puesta en escena. Esta claro que el propósito de la película, donde abundan los pasajes de magia y fantasía, no quiere ir más allá del puro entretenimiento especialmente para los más pequeños espectadores, lo que hace con cierta originalidad y amenidad, lo cual agradece el público infantil.

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