"Me postro ante el relato como objeto que es independiente"

  • El escritor presenta 'Astrolabio', su última colección de cuentos cortos en los que la realidad y lo fantástico se mezclan con un estilo muy depurado que huye del artificio

Ángel Olgoso, tras 30 años publicando relatos cortos, publica ahora un último libro de cuentos: Astrolabio, una obra en la que demuestra cómo ha ido puliendo y cincelando el estilo de un género que se ha convertido en su segunda piel.

-¿Qué diferencia esta colección de relatos de otras anteriores?

--Estos relatos tienen un tono más frívolo, más juguetón que otras obras mías, de atmósfera más sombría. Pero esas cosas las veo a posteriori, porque yo escribo instintivamente. Ni siquiera soy consciente de que los cuentos tienen ese nexo en común.

-¿Qué otros cambios pueden apreciar sus lectores habituales?

-Astrolabio es un libro bastante experimental en el que juego con géneros y subgéneros. Hay relatos simbólicos, oníricos, parodias mitológicas, históricas, metaliterarias... El libro explora otros registros distintos al cuento tradicional.

-Por qué ha elegido ese título: 'Astrolabio'.

-El título hace referencia al instrumento de navegación y al recorrido que propongo por el mundo, porque el libro ofrece la posibilidad de visitar distintas épocas y lugares.

-En la colección hay relatos desde dos líneas a otros de dos o tres páginas. ¿Por qué esa diferencia de extensión?

-Yo no me propongo escribir con una determinada longitud. Yo me ciño completamente a las exigencias del relato. Y si el cuento me pide tener una sola línea, o 33 páginas, pues adelante. Cada relato nace con sus propias características.

-¿Cuáles son esas características de un relato?

-Longitud, tiempo narrativo, voz, registro... Y Astrolabio presenta una gran variedad de texturas, con relatos muy diferentes unos de otros. Eso, en este libro y en otros, es muy enriquecedor porque le permite al lector asomarse a una variedad de ventanas en un mismo volumen.

-¿Tienen algún hilo conductor?

-No tienen ninguno más allá del de la brevedad y el de lo fantástico, que es el mundo en el que suelo moverme. Yo soy un enemigo mortal de la supuesta unidad de los libros: no se le puede exigir a un relato que esté engarzado con otro para ser una gema preciosa. Quizás a posteriori el mismo autor o los lectores puedan encontrar referencias.

-¿Qué criterios sigue a la hora de seleccionar los relatos para publicarlos en un volumen?

-Todos los cuentos los escribí hace tres años, pero los relatos son completamente independientes. Por exigencias del mercado tienen que publicarse en una colección. Lo ideal sería publicar cada relato de forma independiente, pero claro, eso es una utopía. Yo adoro y me postro ante el relato como objeto independiente, como artefacto independiente

-¿En qué genero englobaría o definiría sus relatos?

-Toda mi obra se enmarca dentro de la literatura fantástica. En mis 30 años escribiendo relatos breves esa es la única vía que he explorado. Siempre he leído a los grandes de la tradición de la narrativa fantástica de calidad: Poe, Borges, Cortázar, Kafka... En esa estirpe. Hay un relato de ciencia ficción, pero lo normal es que mi escritura no pertenezca a ese género.

-En algunos artículos su obra ha sido calificada como de ciencia ficción. ¿Está de acuerdo?

-En el libro hay un relato de ciencia ficción, pero el resto no. Una cosa es la fantasía y otra cosa es lo fantástico. Como decía Ítalo Calvino en su teoría de la tostada: el pan, sólo sería el realismo, pero es un poco áspero. Una tostada sólo de mermelada es la fantasía, sin embargo también empalaga, no tiene sentido. Cuando hay algo que une con unos sutiles hilos la realidad y la fantasía -la mantequilla- estamos en el terreno de lo fantástico, mucho más digerible para un lector. Los relatos tienen que estar unidos a la realidad. El burro volando a mí tampoco me interesa lo más mínimo.

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