El salvador de la humanidad

Era de esperar que, como ha ocurrido, a la primera semana de su estreno 'Soy leyenda' se haya convertido en líder de los éxitos taquilleros de la actualidad cinematográfica de nuestro país. No es más que corroborar lo que ha ocurrido en otras calificaciones de los films más comerciales del momento que ya se inició en Estados Unidos donde a las primeras de cambio, es decir en los primeros tres días de su llegada a las carteleras, el primer fin de semana, había recaudado más de setenta y seis millones y medio de dólares (53,2 millones de euros), lo que supone el decimosexto mejor resultado de la historia, superando incluso los ingresos de 'El Señor de los anillos: El retorno del rey' (2003), que hasta el momento había sido la más taquillera en el primer fin de semana con 72,6 millones de dólares (50,4 millones de euros).

Guste o no guste 'Soy leyenda', tercera versión de la novela de Richard Matheson, dirigida por Francis Lawrence, después de las realizadas en 1964 por Sidney Salkow y Ubaldo Ragona, que no llegó a estrenarse en España, titulada 'El último hombre sobre la tierra' y la dirigida en 1971 por Boris Sagal, bajo el tituló 'El último hombre vivo', y a mí me gusta menos que las dos citadas, especialmente la última, es indiscutible su imposición en un público masivo que, sobre todo los más pequeños, aprovechando las jornadas festivas y vacacionales, han llenado estos días las salas para seguir una película, cuya intensidad narrativa decae en muchos momentos.

La idea de un mundo sin vida, muerto y desolado, con todos sus millones de habitantes desaparecidos como consecuencia de una hecatombe generalizada, realmente no es nueva. De hecho hace unos días veía en una de esas cadenas televisivas que sólo dan películas, un film de gran calidad que nos presentaba una situación apocalíptica como consecuencia de una catástrofe nuclear. Me refiero a 'La hora final' (1959), de Stanley Kramer, de mucha mayor profundidad y sutileza. En el caso de 'Soy leyenda', el empeño era realmente difícil, como ya indicaba en mi crítica publicada aquí el jueves 27 de diciembre del año recientemente concluido. Y lo es porque un realizador arriesga demasiado cuando sólo cuenta con un personaje en pantalla, acompañado de su perro, durante prácticamente los cien minutos que dura la película.

Si algo logra en su visión del tema el director es armonizar el drama y la acción, sobre todo en la primera parte del film, donde las imágenes cobran mayor vigor y relevancia, que luego retorna hacia el final de la película.

En ese clima de angustia e incertidumbre la narración tiene altibajos y los excesos con personajes de entidad virtual, o de videojuego, en un conjunto en ocasiones recargado desnaturalizan un tanto el sentido de la historia. Se advierte la insistencia en ese tono íntimo que adorna la novela de Matheson, que en muchas ocasiones el realizador acentúa considerablemente.

No faltan ciertos sobresaltos que animan el relato y hasta un soplo humorístico. También son apreciables las elevadas referencias y la entidad de una fotografía realmente acertada y oportuna tanto en la iluminación como en los encuadres, lo que proporciona mayor vistosidad a la producción. En suma una reflexión sobre la soledad y de algún modo, como aseguraba en su día el protagonista, el salvador de la humanidad, que encarna Will Smith: "la idea de la búsqueda de la línea que separa a los científicos de Dios".

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