"En televisión la palabra lectura puede no pronunciarse en una semana"

  • Lleva más de 20 años compartiendo su experiencia en el manejo de actores con otros profesionales . A finales de año estuvo en Málaga para impartir un taller de cinco días sobre dirección y puesta en escena

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Ha visto mucho cine, ha podido mostrar el suyo y ha tenido tiempo de reflexionar sobre ambos. A Jaime Chávarri (Madrid, 1943) no le complace divagar sobre una profesión con carencias. Su predicado no se anda con rodeos y, con conocimiento de causa, afirma que "los directores, en general, están aún peor formados que los actores". Las bicicletas son para el verano y Las cosas del querer son sólo dos de los títulos con los que ha enriquecido su manejo en la dirección de actores. A finales de año despidió en Málaga cinco días de aprendizaje con sus alumnos de Escénica (dependiente de la Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales).

-Imparte en Málaga un taller sobre puesta en escena y dirección de actores, ¿muchas lagunas en ese campo ?

-Hace tiempo que me di cuenta de que los que se enseñaba a los actores sobre dirección era muy pobre. Llegaban con información y formación pero no existía un lenguaje para poder entenderse mejor. Y sigue siendo igual. El director se siente un poco acomplejado y crea una especie de miedo inconsciente hacia el actor porque sabe más que él mismo. No se produce un trasvase de conocimientos.

-El ritmo acelerado con el que se trabaja en el cine, ¿tiene parte de culpa?

-En el cine hay muy poco tiempo y mal empleado. Se podría cortar el rodaje para hacer este trabajo previo con el actor. No se trata sólo de funcionar sino de pasarlo bien, evitar la tensión y aprovechar más el trabajo, en vez de pasarse diez horas de rodaje peleándose. Debería ser siempre un trabajo en equipo.

-¿Qué dificultades tiene la puesta en escena?

-Es una consecuencia de la modernidad. Hay mucha gente de teatro que no lee nada absolutamente. Cuando tienen que hacer una escena no saben cómo porque no tienen costumbre. Se limitan a leer o declamar lo que está escrito, cuando lo más importante en teatro es el subtexto, lo que hay debajo de lo que se dice (ahí están Chèjov y Shakespeare). De lo que se trata es de que el espectador, al ver la escena, la información no sea a misma que la leída. Ese trabajo de imaginación, actitud y sensibilidad es la puesta en escena.

-¿Poca disciplina?

-No hay ninguna fórmula ni para ser buen director ni buen actor. Lo importante es la capacidad de aprender. Puede que un actor piense que lo que le enseña Chávarri no le interesa, pero eso para mí ya es algo. Que saque su propia conclusión y sepa cuáles son los elementos de la escena. Carlos Hipólito y Carmelo Gómez, por ejemplo, lo hacen muy bien. Curiosamente los dos se dedican a enseñar lo que saben, pero no creo que pretendan que alguien les imite.

-Acaba de estrenar junto a Mario Gas, Andrés Lima, Sol Picó y Rafael Amargo, entre otros, Estriptis, una reflexión sobre el lenguaje del cuerpo, ¿cuál ha sido su aportación?

-Nos propusieron a cada director que dirigiese una escena como quisiera y al final de cada una hay un desnudo total o parcial, ya sea a través de la danza, la expresión corporal o la música. Hay reflexiones sobre la manera de moverse, la estética del cuerpo, en definitiva sobre lo que nunca se dice pero se sabe por la intención y el movimiento. Mi pieza es una historia de amor entre una domadora y su caballo. Me gusta mucho el poder de una mujer sobre las fieras.

-¿Se abusa hoy de un lenguaje demasiado evidente?

-Es un error considerar que el público sólo se entera de lo que se le dice. Pero mientras parezca que leer es una pérdida de tiempo y que en la televisión la palabra lectura pueda no pronunciarse en una semana entera, es como si no existiera ese concepto.

-Pero también existe un teatro cómodo...

-Tiene que existir el teatro de entretenimiento aunque sólo sea por contraste. Pero también oportunidades para que la gente que quiera pueda ir más allá de lo puramente cotidiano.

-¿Comparte la imagen que se tiene del cine español?

-El cine español está tan mal como el resto de cine europeo . Y el americano se salva por el cine independiente. Mucha de la fama del cine aquí se debe a la Guerra de Irak. Aquella función de la Academia ha hecho que mucha gente piense que el cine español es una cosa de rojos . Es tan ridículo que no merece la pena ni comentarlo.

-¿La Ley de Cine resolvería algo?

-Es un tema muy complicado, con muchos intereses. Se protege a las primeras películas que muchas veces no funcionan y ahí se va una energía y un dinero... A lo mejor habría que hacer menos películas y cuidarlas más.

-Adaptó Las bicicletas son para el verano de Fernando Fernán Gómez, ¿ cómo le recuerda?

-Nunca entendí porque no quiso dirigir la película cuando se la ofrecieron. Era todo un personaje. Después de tantos años como profesional fantástico fue a partir de Las bicicletas... cuando le reconocen su trabajo, como si no hubiera hecho otra cosa antes. Sus mejores películas no tuvieron tanto éxito pero se han convertido en clásicos como El extraño viaje, para mí comparable al mejor Buñuel.

-Se ha ido un genio.

-Esa es una palabra que no he utilizado nunca. No me la creo y no sé que quiere decir.

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