Rojo y negro

"Durante la transición, las mujeres estábamos solas gritando en la calle"

  • La autora rinde homenaje en 'Al fin estaba sola' a los maestros de la República que creían "que educando en la solidaridad y en la austeridad se podía arreglar España en dos generaciones"

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Si nunca han hablado con Lidia Falcón no saben aún que significa la frescura de la madurez, la sinceridad absoluta y el entusiasmo vital desbordante. Acaba de publicar su última novela con el elocuente título de Al fin estaba sola (Editorial Montesinos, 2007). Y es que esta luchadora nata, líder feminista donde las haya, tiene muy claro que las mujeres tienen el derecho, y casi el deber, de disfrutar de sí misma y de su tiempo.

Lidia Falcón asegura que le tiene "especial cariño" a esta novela en la que ha querido "rendir un homenaje muy especial a aquellos maestros de la República que creían en la solidaridad y en la austeridad" y que tenían "el profundo convencimiento de que educando con esas premisas a dos generaciones se podía arreglar España, aunque, por supuesto, los mataron antes", explica. La protagonista de su novela, Ruth, es de algún modo heredera de esta moral, aunque le toca luchar en un mundo -el del franquismo, la transición y la democracia- en el que estos esquemas le sirven de poco.

"Se trata de una mujer buena que, como la gran mayoría de las mujeres, es una gran cuidadora y que sólo cuando entra en la madurez, cuando al fin está sola, encuentra la oportunidad de luchar por sí misma", señala la autora.

Falcón asegura que esta ha sido una novela muy "madurada y corregida" en la que ha implicado a personajes "deliberadamente arquetípicos". Confiesa que la protagonista de la novela tiene mucho de ella misma, aunque aclara que no es para nada autobiográfica porque, aunque ha vivido "muchas de las situaciones que vive Ruth", nunca ha sido "tan ingenua" como su personaje. También reconoce en los personajes masculinos a muchos de "aquellos compañeros de lucha, verdaderos resistentes del franquismo que acabaron en puestos de poder durante la transición y que aún permanecen en ellos en esta democracia llena de corrupción que tenemos".

El papel de la mujer en esta época fue "más sincero" porque "no teníamos nada, ni nadie nos ofrecía nada. Durante la transición, las mujeres estábamos solas gritando en la calle. Más tarde, a algunas las compraron por muy poco, porque las mujeres se venden muy barato, y dejaron de luchar porque se convirtieron en funcionarias", explica la autora de Postmodernos.

La escritora y periodista opina que de "aquel romanticismo de la resistencia y lucha contra la opresión" que se vivió en España durante la época de Franco sólo queda "decepción y amargura". Y este es el proceso que ha querido mostrar en Al fin estaba sola, una novela en la que se aborda la lucha política, pero también el amor, las relaciones de pareja y las relaciones con los hijos desde el punto de vista sincero y, a la vez, tierno que da la distancia temporal y la madurez personal.

Y es que a Lidia Falcón le sobran pretextos para hablar sobre política, sobre los problemas de nuestra sociedad y, sobre todo, para hablarnos de la situación de las mujeres, una situación que, en su opinión, todavía hoy día sigue siendo "lamentable".

"No puedo estar de acuerdo con todas esas leyes pomposas que se han presentado últimamente y que no sirven para nada. La Ley contra la Violencia de Género es un fracaso porque siguen muriendo mujeres y la Ley de Igualdad, un brindis al sol porque se carga toda la responsabilidad en las empresas y en los particulares, es una engañifa porque lo que se propone es que los hombres y las mujeres colaboren para fregar los platos en vez de crear las condiciones para que la igualdad sea real con guarderías y ayudas económicas suficientes, por ejemplo", explica al respecto.

Lidia Falcón apuesta en esta última novela por "la soledad creativa" de las mujeres que deben "poder elegir qué hacer con su vida en un país como el nuestro". La autora reivindica la madurez "como el momento en el que la mujer está preparada para no dejarse engañar por sinvergüenzas, ni dejarse llevar por empresas tontas" porque, asegura, "todo lo bueno hay que aprenderlo".

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