"A veces envidio el mundo del cine"

  • La gaditana llega a Granada en febrero para mostrar la madurez de su compañía de flamenco. Y mientras las subvenciones quitan el sueño a la mayoría de artistas, ella pasea su independencia con una sonrisa

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Es casi imposible imaginar a Sara Baras sin una sonrisa en la cara. Además cae bien. Nadie, ni siquiera si se apellida Canales, se atrevería a hablar mal de ella. Y en el escenario, estando apadrinada por Camarón y Paco de Lucía, mal no tiene que desenvolverse. De hecho es la gran embajadora de la danza flamenca a nivel mundial. El próximo 14 de febrero actúa en el Palacio de Congresos con su espectáculo Sabores.

-Las mujeres están en la vanguardia de la danza flamenca. Tanto Eva Yerbabuena como usted han mostrado nuevos conceptos y una nueva vía en el escenario...

-Me agrada mucho eso. Es la primero vez que lo oigo pero estoy de acuerdo. Es la propia vida. Antes, los hombres salían a trabajar y las mujeres se quedaban en casa, en la cocina y con los hijos. Ahora tenemos el mismo sitio. La personalidad en el flamenco es muy importante, es lo que hace resaltar sobre el resto. Antes había mujeres que bailaban de maravilla pero no podían embarcarse en una gira por sus circunstancias personales. Antes el flamenco era más machista.

-De hecho, la presencia de directores teatrales es más común últimamente entre las bailaoras que entre bailaores.

-Es verdad. Es una suerte poder rodearnos de profesionales que ayudan a enriquecer el baile. En mi caso, al comenzar una obra, pienso que quizás soy demasiado valiente y me pregunto qué respuesta va a tener. Luego me alegro por todo lo que he aprendido porque el flamenco no debe quedarse sólo en un espectáculo tipo flamenco. Por eso es importante rodearse de todo tipo de profesionales. Yo he tenido suerte en trabajar con Luis Olmos, con Lluís Pasqual... Gracias a ellos he aprendido a dirigir una obra con dramaturgia.

-Habla de dramaturgias. Es curioso que, a la hora de ponerse en la piel de Mariana Pineda, huya usted de la sobreactuación y del dramatismo. Fue de las primeras en romper ese concepto...

-Yo creo que una de las cosas que más me horroriza es sobreactuar. El flamenco tiene que salir de dentro porque si no deja de existir, aunque haya mucha técnica y ensayo. Cuando te metes en un papel, el único lenguaje que debe existir es el baile. Hay que meterse en el papel como actriz pero mediante el baile. Es muy bonito que me diga eso porque mucha gente dice que le gusta cuando me pongo muy teatral y yo pienso que no hace falta sobreactuarlo. Si el personaje está triste tienes que bailar triste. Ése es el concepto.

-¿Cuáles son las señas de identidad de la marca Sara Baras?

-Yo llevo toda mi vida bailando y este año celebro el décimo aniversario de mi compañía. Es difícil porque somos unas cuarenta personas y el propio trabajo es el que mantiene al grupo porque somos una compañía privada. A lo largo de toda tu carrera te cruzas con artistas, con personas, con teatros, ciudades, y eso te va enriqueciendo y creo que se nota en mi compañía. Siempre intentamos dar un paso más. Yo soy muy trabajadora y todas las personas de mi compañía están cortadas con la misma tijera, son muy profesionales y muy enamoradas de este arte. Eso es lo que hace que disparemos buena energía al público. Por supuesto está mi sello, por tener la libertad de expresarme como lo siento. Eso es algo explosivo.

-Habla de cuarenta personas a su cargo, muchas de ellas insultantemente jóvenes. ¿Tiene que hacer el papel de madre?

-Sí, yo siempre digo que mi compañía es una gran familia. Mi manager es mi hermano, quien me cuida es mi hermana. Los artistas invitados son estupendos, el cuerpo de baile son gente muy joven, de otra generación, y es muy importante el cariño porque las giras en mi compañía son inacabables. Presumo de ser amiga de mis compañeros, y a veces madre y hermana.

-¿Cómo se lleva saber que se ha llegado a un momento en el que tiene el aplauso ganado de antemano?

-Cuando era más chiquitilla salía siempre a bailar a por todas, no era consciente de la responsabilidad. Pero el aplauso debes ganarlo día a día. Yo a veces envidio el cine. Hacen el trabajo y se queda ahí. Nosotros estamos en directo y si un día levantas un teatro al día siguiente tienes que hacerlo igual o mejor. Sí es verdad que noto el respeto y el cariño de la gente, de los profesionales. Pero en el escenario no, porque tienes que volver a hacerlo y siempre piensas que hay un punto de suerte.

-Su último proyecto es 'Carmen'. ¿No le intimidó saber que en el imaginario de los aficionados está todavía muy presente la versión de Antonio Gades?

-Es lo que decíamos al principio de ser valiente. Yo considero que cualquier persona que baila sueña con hacer algún día Carmen. Yo pensaba que había llegado el momento de hacer un espectáculo diferente con Carmen, pero no peor ni mejor. Yo soy una fan absoluta de Gades y es verdad que la Carmen de Gades está ahí. Me ha costado olvidarme de la obra de Gades, pero tengo libertad para cambiar el guión, adaptarlo a la manera de bailar de hoy, hacerla con una actitud diferente.

-Ya no tiene que demostrar que es una gran bailaora. ¿Es en este punto cuando tiene la libertad para desarrollarse como artista en un sentido más amplio?

-Claro. Es muy bonito cuando después de un espectáculo con dramaturgia y con un gran director vuelves a un concierto, porque lo haces con otro conocimiento, con un poquito más de ganas. Bailar por soleá y por seguiriyas es algo que llevas dentro y la dramaturgia te hace enriquecerte. Ahora mismo tenemos tres espectáculos de gira, el Carmen, Sabores y Saras Carreras. Los tres se retroalimentan de alguna manera. Mi baile quizás se haya hecho más tranquilo, quizás valore más los silencios, quizás busque más momentos de arte, más pellizquitos... no efectos, ni velocidades, aunque también hay de eso.

-¿No se desanima su cuerpo de baile al saber que todos los ojos están clavados en usted?

-Cada uno tiene su sitio. Es verdad que es mi compañía y que la gente te espera a ti. Pero es importante cada segundo del espectáculo. Yo no soy una artista que se lo quiera llevar todo. Nos conocemos mucho, cambiamos el fin de fiesta según la ciudad, si está presente la familia de alguien le damos más protagonismo para que se luzca... No hacemos siempre exactamente lo mismo. A cada teatro le damos un algo especial.

-¿Qué hay que darle de especial a Granada?

-Yo he tenido momentos muy bonitos en Granada, recuerdos muy especiales.

-Uno de ellos fue con Chavela Vargas en la Huerta de San Vicente...

-Fue algo alucinante, de lo más bonito de mi carrera. En casa de Lorca y con Chavela. Bailar en Granada es especial. Siempre pasa algo, vienen amigos, artistas... Espero que esto vuelva a repetirse en febrero con mis Sabores en el Palacio de Congresos de Granada.

-Cuando le dieron la noticia a Paco de Lucía de que se le había concedido el Príncipe de Asturias allí estaba usted. Tanto salió en las imágenes y tanto se apegó a usted el guitarrista que parecía que el premio era 'ex aequo'...

-Otra cosa no, pero suerte tengo un montón. Justo el día en que le dieron el premio yo lo presentaba en el Festival de Jimena, pero no bailando, hablando. Justo estando en el hotel apareció toda la prensa y aparecí en todos los lados con él. Yo aluciné porque Paco es el mejor artista del mundo. Todos sabemos lo especial que es Paco. Yo pienso que la gente grande es tan humilde por otro lado que se engrandecen aún más. Todo el mundo estaba histérico y él nos calmaba con su mirada.

-Otro de sus padrinos, Camarón de la Isla. Tras un tiempo en el que no había otro referente, parece que los nuevos cantaores están tirando también de Manolo Caracol como referencia...

-Sinceramente creo que hay mucha mezcla y eso es muy interesante. Una de las cosas grandes del flamenco es no olvidar y respetar a los que nos han precedido. Hubo una época en la que todo el mundo era camaronero y ahora está más mezclado. Es lógico y, además, muy bueno.

-Y por si le faltaran buenas compañías, también completa el círculo virtuoso trabajando con Manolo Sanlúcar...

-En Mariana Pineda toda la música la hizo Manolo Sanlúcar y ver su proceso creativo diario es alucinante. Con decirle que presentaba al principio su música de siete en siete minutos... Hay muchos artistas que se disfrazan, pero no es el caso de Manolo Sanlúcar. Lo que aprendes a su lado es la manera de explicar las cosas, incluso te bailaba para explicar su música. Eran reuniones como los antiguos, hablanco continuamente de danza, de cante, de Lorca... Fue flipante. Con Paco también me ha pasado. Son cosas que a veces piensas, que no es posible que estés allí con ellos, compartiendo mil cosas. Es la mejor oportunidad para aprender.

-Trabajar con Celia Cruz, Celia Gámez o Paquito D'rivera no la hace más flamenco pero, ¿sí más artista en un sentido más amplio?

-Sí, la verdad es que colaborar con otro tipo de artistas, con otro tipo de arte, te enriquece. Tienes que tener los pies en la tierra, saber quién eres y de dónde vienes. Pero de repente, si hay un movimiento que me gusta, lo meto en una soleá, por ejemplo. Mezclarte con otros artistas no quiere decir que no salgas flamenca, pero lo bailas de otra manera.

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