el poliedro

José Ignacio Rufino

Banco público puja por el Popular

En la subasta por el fallido Banco Popular emerge la nacionalizada Bankia, una posibilidad que está repleta de matices¿Es una tara española la que desaconseja un banco que no tenga carácter privado?

Aunque desde que ocurrió la Gran Recesión los rankings están tan o más desvalorizados que las predicciones económicas, durante un tiempo no muy lejano el Banco Popular pasaba por ser en estas clasificaciones la estrella española, y una de las europeas, de la calidad de servicio y la solvencia bancarias: tamaño eficiente, buen posicionamiento estratégico, estupendos ratios. Y ya ven: en estos días se subasta el Popular, y echando leches para parar evitar la hemorragia de la huida de depósitos y la paralización de operaciones normales. Sus déficits patrimoniales (en plata: su agujero, las pérdidas acumuladas, su alto su riesgo en suma) lo han abocado a ser comprado por, a saber, BBVA, Santander o Bankia. Mucho se ha escrito en estos días sobre las peripecias de un Popular que ha pasado de ser una joya discreta y muy rentable en los tiempos de Valls Taberner a ser un chicharrón que alguien se va a quedar, y con ello seguir el sector bancario en la senda de concentración que la crisis ha propiciado (no sólo "la crisis"; hay más motores y causas de la eliminación drástica de competidores bancarios en España, pero eso merece otro análisis).

Hablemos de otro rasgo de este proceso de subasta, absorción y concentración: el papel repentino y sorprendente de Bankia en esta lid; una entidad que, hecha fosfatina de la mano de Rato y Blesa, se encuentra en virtuosa metamorfosis tras el rescate público y la gestión de Goirigolzarri y su equipo. Una entidad que, aunque no devuelve el rescate de 22.500 millones al ritmo programado -un desiderátum utópico-, se encuentra en franco proceso de saneamiento y redefinición. Bankia es de hecho el único banco público que existe en este país. Su propietario es el Estado salvador..., al cual hubo a su vez que salvar. No olvidemos que ese rescate se hizo al alimón con otro rescate encubierto del propio Estado español en forma de grandioso préstamo que nos concedieron desde el exterior, esos agentes de fuera que por ello son en alguna medida unos nuevos amos. Esa roncha es muy a largo plazo, y lo que se dedica de las arcas públicas a devolverla son dineros que no se invierten ni se gastan en beneficio de quien en última instancia va a pagar: el contribuyente (habrá quien diga que esto es demagogia, cuando es pura aritmética y causa-efecto). O sea, Bankia es un activo público cuyos productos deben revertir en los españoles, de una forma o de otra.

¿Qué se hará con Bankia una vez saneado? ¿Qué se hará de ese banco si, cosa improbable, acaba asumiendo al Popular? La cuestión es ideológica: para qué un banco público. Alemania, francia, Italia, Estados Unidos, Holanda, los países escandinavos, Estados Unidos, cada país a su manera, mantienen bancos con propiedad estatal. En el Reino Unido, el fallido Royal Bank of Scotland pertenece al país, y su ejemplo es digno de ser copiado. Pero no nos lo creemos. ¿Somos -como me dice un amigo de la mayor experiencia en banca-una sociedad genéticamente extractiva que en nada puede compararse a otras, abiertas y creadoras? Es descorazonador. Traumatizados por el desastre de las cajas politizadas, aquí abominamos de una entidad financiera pública. La ortodoxia sostiene que un banco estatal es ineficiente. Sin embargo, cabe proponer que sin que dicho banco sea marioneta del gobernante de turno, sus excedentes se apliquen con un criterio social, y su presencia en el sector haga una función de contrapeso. Bankia, en buenas manos ahora, no es una marioneta de espurios intereses de políticos arrebatacapas; antes sí, cuando era una rara mezcla de propiedad pública y manejo privado, oh paradoja. ¿Por qué no un banco público gestionado con criterios privados, o sea, de eficiencia y eficacia? ¿Es esta supuesta incapacidad una tara made in Spain?

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