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helena arriaza

Barcelona

Les confieso algo. Aunque ustedes lean esto un lunes, escribí estas líneas el pasado viernes a las ocho y media de la mañana, tras una noche de impotencia y después de horas pegada a la televisión. A través de este artículo me gustaría destacar el trabajo de todos los que han trabajado estos días en televisión (y en el resto de medios de comunicación pero esta sección se refiere a ese en concreto). Es indiscutible que nunca se debieron emitir imágenes de víctimas, ni de la actuación policial. Imágenes irresponsables con las que se entorpece una investigación y se hiere no solo a familiares. Me parece oportunista que los principales rostros de las cadenas adelantasen su vuelta de las vacaciones. Un atentado terrorista es la última noticia que a un periodista le gustaría cubrir, pero cuando sucede, al igual que médicos, enfermeros, psicólogos o traductores se vuelcan, los periodistas sentimos esa responsabilidad de transmitir, de informar. Pero inevitablemente la televisión (y el resto de medios) es un negocio y que Ana Rosa Quintana, Susanna Griso, María Casado, Antonio García Ferreras o Javier Ruiz regresasen antes de tiempo me pareció una batalla por la audiencia innecesaria por parte de las cadenas (no por parte de ellos, que se volcaron en su profesión). No olvidemos que los medios de comunicación no están en manos de los periodistas y algunas críticas en estos aspectos no están bien dirigidas.

Pero teniendo esto muy presente hoy quiero centrarme en los que trabajaron durante eternas horas para informarnos de todo lo que estaba ocurriendo. Presentadores como Isabel Jiménez, que estuvo siete horas al frente de un especial en Telecinco; María Casado, que hizo gala de cómo hay que tratar un tema como este en una cadena pública; o Cristina Pardo y José Sáez en La Sexta y Antena 3, que regresaron a sus puestos de trabajo tras haber terminado su jornada. Pero aparte de los rostros que conocemos hay que agradecer la labor de los reporteros, que estuvieron durante horas en los lugares en los que ocurrieron los hechos obteniendo información de primera mano; hay que admirar el trabajo de los cámaras, técnicos de sonido, redactores, peluqueros, maquilladores, sin olvidar a ninguno de los que trabaja en la redacción de un programa de televisión. Sin perder de vista la responsabilidad hay que comprender algunos fallos en situaciones como esta. La inmediatez en ocasiones le ganó la batalla al periodismo, pero no por ello hay que poner en duda la profesionalidad de la mayoría de los que trabajaron en transmitirnos un hecho tan fatal.

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