Poco a poco, con suspense, el PP andaluz está desvelando sus candidatos a las elecciones municipales de 2019. Las principales dudas estaban en torno a las vacas sagradas de sus políticos andaluces. Francisco de la Torre dijo en Málaga que seguía, a pesar de las opiniones de su señora. Teófila Martínez anunció en Cádiz que no se presentará.

Su caso fue parecido al de Juan Ignacio Zoido en Sevilla, porque venía de una mayoría absoluta (en el caso de Teófila eran 20 años de mayorías absolutas) y fue la más votada, pero perdió la Alcaldía en los pactos de la izquierda. Igual que Zoido. La diferencia es que el ex alcalde de Sevilla fue nombrado ministro del Interior. Los intentos de buscar un heredero no le fructificaron como esperaba. Así emergió Beltrán Pérez. Su designación parece un pacto con dolor.

El PP ha sido zarandeado por un conflicto interno, avivado desde que perdió la Alcaldía. Cuando Virginia Pérez consiguió la presidencia del PP sevillano quedó claro que Beltrán era su candidato. Arenas respaldaba a los Pérez, que en teoría han salido triunfadores de esa pugna. Pero, en la realidad (y ellos lo saben), es como un caramelo envenenado porque hay personas esperando a que se estrellen. Cuanto peor mejor, que diría el otro.

En los más ilustres ambientes locales se da por supuesto que el próximo alcalde será Juan Espadas. Sólo Juan Espadas puede hacer que pierda Juan Espadas. Para colmo de males populares, emerge Ciudadanos como tercero en discordia, con un candidato, Javier Millán, que podría estar en el próximo gobierno municipal. Un pacto entre Ciudadanos y PP que roce la mayoría absoluta es posible. Pero parece más probable que Espadas sea el más votado y siga en la Alcaldía.

Aquellos candidatos que sonaron para disputarle la cabeza de lista del PP a Beltrán Pérez han dado un paso atrás. Directamente han enterrado sus aspiraciones, al estimarlas inverosímiles.

Así Beltrán Pérez se ha quedado solo ante el peligro. Y no porque haya ganado la batalla interna, sino porque ni siquiera ha necesitado ganarla, al no existir ya una batalla.

Lo peor para él es que algunos de los más afines al PP no disimulan su rencor. La derecha más tradicional no lo ve como uno de los suyos. Lo apoyarán, si es que lo apoyan, a regañadientes. Beltrán Pérez será nombrado como un candidato quijotesco, a pelear contra los molinos del viento adverso.

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