Una vez que se alcanzó un pacto institucional entre el Gobierno central, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla; una vez que el PP, PSOE y Ciudadanos parece que están de acuerdo, viene la segunda parte del problema. Aparecen los que quieren cargarse el Metro. Este es uno de los motivos de la ruina de los pueblos: cuando se pierde el tiempo en discutir sobre lo ya discutido. Si se ha tomado una decisión es para ejecutarla. El tiempo de los debates empezó en el siglo pasado. Ya en el siglo XXI, la consejera Rosa Aguilar presentó un proyecto que no se ha cumplido. Ahora existe un acuerdo político entre Íñigo de la Serna, Felipe López y Juan Espadas que tampoco han empezado a cumplir. Y, mientras, aparece la excusa perfecta para no hacer nada. Son los expertos que (a diferencia de otros ingenieros tan expertos o más que ellos) consideran que el Metro es un error, que lo ideal sería apostar por tranvías y autobuses rápidos.

En París, en Madrid, en Londres, en Nueva York, en Moscú, en Shanghái y en otras grandes ciudades del mundo quizás sean tontos, porque se han dedicado a construir líneas y líneas de metro, en vez de tranvías y autobuses. Mientras aquí discutían sobre la línea 3 entre Pino Montano y Los Bermejales, en Madrid han construido decenas de kilómetros de metro. Nadie se ha preocupado por si salía más caro o más barato. Pues esa es otra curiosidad. Nos pasamos los meses diciendo que el Gobierno y la Junta marginan y olvidan a Sevilla, pero cuando surge la oportunidad de que inviertan 700 millones de euros se quejan porque sale caro.

Puestos a buscar transportes verdes, lo mejor sería que le regalen una bicicleta a cada sevillano. Es posible que salga más barato. Por cierto que también salió caro soterrar la vía del tren entre San Bernardo y Santa Justa a finales del siglo pasado. Y ahora quieren aprovechar la superficie para un tranvía como sucedáneo del Metro a Santa Justa, cuando el alcalde Espadas ya ha anunciado el trazado, que pasará por Nervión, donde existe una de las pocas paradas del Metro verdadero.

Los arquitectos y los periodistas estamos entre las profesiones más odiadas, con razón. Debates como estos, sobre lo ya debatido, son como primeras piedras para no hacer nada. Después llegará el momento de quejarse por el atraso que sufre la ciudad, y de echar las culpas a la Semana Santa y la Feria. Siempre la misma historia.

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