Guillermo Jesús Jiménez Sánchez

Ex rector de la Universidad de Sevilla y ex vicepresidente del Tribunal Constitucional

In memóriam Manuel Olivencia Ruiz

Por completa que haya sido una vida siempre su pérdida interrumpe una trayectoria humana de cuyo curso aún mucho era de esperar. Tal es el sentimiento que la triste noticia del fallecimiento de don Manuel Olivencia ha producido a quienes hemos disfrutado del enriquecedor privilegio de su trato.

Como siempre se ha puesto de relieve en los muchos homenajes que ha merecido su ejemplar historial de maestro universitario, de cabal servidor público y de brillante profesional del foro, era un arquetipo de español y de andaluz por nacimiento, carácter y amor a su tierra y a sus gentes.

Nacido en Ronda, educado durante su infancia y su adolescencia en Ceuta, estudiante universitario en Sevilla y Bolonia, profesor adjunto en Madrid y catedrático en la vieja alma máter de Maese Rodrigo, en la que le fueron confiadas las responsabilidades de Decano de las facultades de Derecho y de Ciencias Económicas y Empresariales, formó parte de uno de los más brillantes claustros de profesores de la Universidad Española, en el cual ocupó pronto un relevante lugar y forjó con su ejemplo y enseñanza una escuela de numerosos discípulos que estudian, enseñan y han forjado a su vez discípulos en muchas universidades. Sus méritos científicos como creador de un cuerpo de doctrina recogido en un amplio conjunto de publicaciones, que acreditan una autoridad universalmente apreciada en nuestra Patria y más allá de sus fronteras, fueron reconocidos con su incorporación como miembro de número a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y a las Sevillanas de Buenas Letras y de Legislación y Jurisprudencia.

Manuel Olivencia ha sido también un relevante servidor público en otros ámbitos. Merece destacarse su actuación como subsecretario del Ministerio de Educación y Ciencia durante algunos de los difíciles y apasionantes años de la transición democrática; como vocal permanente de la Sección Segunda (de Derecho Mercantil) de la Comisión General de Codificación; como presidente de diversas Ponencias y Secciones Especiales de esta comisión, fruto de cuyos trabajos fue la promulgación de la Ley Concursal de 2003, reformadora del arcaico y obsoleto derecho concursal español; como Presidente de la Comisión Redactora de un Informe sobre el Gobierno de las Sociedades (conocido generalmente como Informe Olivencia); como consejero del Banco de España; como vocal del Consejo Rector de la Radio Televisión Española; como presidente de la delegación de nuestro país en la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional; como comisario general de la Exposición Universal Sevilla 1992 (1984/1991); y como embajador extraordinario del Reino de España.

Clave definitoria de su compromiso profesional ha sido su dedicación a la abogacía, que entendía como un compromiso con la tutela de los derechos legítimos y los intereses dignos de protección, a la que se consagró inicialmente en un despacho casi artesanal, en el que sólo contaba con algunas colaboraciones ocasionales y la eficaz asistencia de su inseparable Francisco Hidalgo; después ejercida en un bufete ampliado, en el cual la presencia de Francisco Ballester resultó esencial para asumir tareas y responsabilidades que las absorbentes llamadas de Olivencia al servicio público le impidieron en ocasiones atender; y posteriormente desarrollada en un despacho colectivo, el bufete Olivencia-Ballester, finalmente integrado en uno de los grandes despachos internacionales constituidos en España. Desde su colegiación como abogado en 1984 le acompañó en esta noble profesión su hijo Luis, quien por su atractiva personalidad y sus relevantes dotes intelectuales y humanas se ganó el afecto de cuantos le conocimos y cuyo prematuro fallecimiento el mes de abril de 2014 representó para Manuel Olivencia la más triste de todas las adversidades de su vida, nunca superada en toda su dimensión.

No puedo concluir esta evocación de mi maestro sin hacer referencia a su entrañable dimensión afectiva. Amigo y, sobre todo, esposo, padre y abuelo, nos enriqueció a los beneficiados con su afecto y con su amor generando imperecederos vínculos que nunca dejarán de unirnos a él.

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