Tribuna Económica

carmen pérez

Italia pone al euro "contra las cuerdas"

En los últimos años se han planteado algunos combates electorales, como en Francia o Alemania, en los que se cuestionaba gravemente al euro. Sin embargo, afortunadamente, sus adversarios ni siquiera consiguieron entrar al ring porque las urnas no les dieron las suficientes papeletas para hacerlo. En las elecciones italianas, el 65% de los votos han subido al cuadrilátero a tres partidos políticos dispuestos a poner al euro contra las cuerdas. Han recogido la decepción de los ciudadanos contra las élites (los de arriba) o contra los extranjeros (los de enfrente). También son portadores de las quejas internas, de unos contra otros, que dividen norte-sur a la nación italiana. Los que fueron de los más entusiastas del proyecto europeo, ahora culpan al euro de todas sus desgracias.

Al golpe que le tiene más miedo Bruselas es al que pueda asestarle el Movimiento 5 Estrellas (32,6%), porque los otros son mucho más improbables o por el efecto contagio que pueda extenderse. No piden la salida del euro, pero sus propuestas de políticas sociales, incluida la renta básica universal, suponen todo un desafío al cumplimiento de las reglas -déficit y deuda pública- europeas.

Más radical es la postura de la Liga del Norte (18%). Les gustaría salirse de lo que consideran una "moneda fallida", un "euro asesino". Claman contra los "pobres y vagos" del Sur y se sienten abandonados por Europa en cuanto a la política migratoria. El impuesto plano del 23% que defienden tampoco es compatible con lo que determina Europa.

Y el tercer ataque al euro, el de La Forza de Italia (14%), es puro diseño italiano. Su propuesta no es dejar el euro, sino pervertirlo, creando una moneda paralela, para poder desarrollar una especie de política monetaria propia: en el país en el que se creó el Derecho, hecha la ley, hecha la trampa.

Por su parte, la única fuerza europeísta, el Partido Democrático, ha sufrido un gran descalabro (19%). Ningún partido político tiene mayoría suficiente para formar gobierno y todas las combinaciones resultan problemáticas. Nada nuevo en Italia, que siempre ha salido airosa de situaciones similares: para ellos no son definitivos ni el sí ni el no, todo es negociable. Pero esa incertidumbre política se superpone ahora a una delicada situación económica: bajo crecimiento, un sistema bancario no saneado y una deuda pública del 140%.

Harían bien en hacer crítica interna de cómo han llegado a esta situación y no sólo arremeter contra el euro. Podrían analizar la corrupción que padecen, la falta de control o la mala gestión que llevan años y años desarrollando, como con el chorro de fondos que le han llegado al Sur desde Europa. También deberían acordarse del inmenso apoyo que están recibiendo de su compatriota Draghi desde el Banco Central Europeo.

Pero Bruselas también tiene que enfrentar con soluciones este combate, que hasta ahora se había podido ir esquivando. La insatisfacción de la población y la inmigración son problemas compartidos con otros muchos países europeos. Ahora van a plantearse desde el poder. Y desde Italia, un país demasiado grande para caer: sus golpes pueden dejarnos KO a todos.

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