Antonio Díaz

Profesor de la Universidad de Cádiz y autor de 'Espionaje para políticos'

Nuevos medios para nuevos tiempos

Cuenta Bessam Elaissili en El arte de la guerra en el Islam: "Ten cuidado y no castigues a ninguno de tus espías, o pienses mal de ellos, o les desmientas, por traerte unos datos diferentes a lo que conoces [...] Quizás te ha aconsejado bien y te ha sido fiel, y te dio informaciones verdaderas. Debes dejar explicar y entender." Esta frase resume la situación vivida al desvelarse que la CIA estadounidense había suministrado información que identificaba con precisión lo que después serían los atentados del 17-A.

Detrás de este fallo de Inteligencia está todo un cambio de modelo de seguridad en los últimos años. La Policía tenía su ámbito natural en la ciudad, con delincuentes comunes e instrumentos adecuados para lidiar con ellos. Los ejércitos, luchando y disuadiendo a otras potencias en los campos de batalla y, los espías, librando una internacional guerra fría contra la amenaza nuclear. Sin embargo, el conflicto ha mutado y ha ido abandonando los campos de batalla entre ejércitos para ir progresivamente acercándose a nuestras ciudades, que son atacadas en sus mismos corazones. Eso obliga a tener que modificar un sistema de seguridad que fue desarrollado y perfeccionado durante siglos… pero, para otro mundo.

Y organismos que trabajaron de manera inconexa deben trabajar ahora juntos. Los espías necesitan de los insumos de los policías (y mucho de los locales) y éstos, de las redes internacionales de los espías para que aquellos datos tengan contexto; los militares patrullan nuestras ciudades y deben tener también Inteligencia, así como las empresas de seguridad que protegen grandes centros e infraestructuras, que requieren que les indiquen quién y cómo puede atacarnos.

La cooperación internacional, que hasta el 11-S era un aditivo, se ha convertido en un ingrediente básico de la fórmula de nuestra seguridad. Pero suministrar inteligencia se basa en la confianza y esta se genera con el paso del tiempo, el conocimiento y la reciprocidad. A nivel español, cuesta generarla por cierta deslealtad institucional entre fuerzas políticas que, por mucho que queramos, tiene un reflejo e impacto en lo técnico. Y esa desconfianza y falta de delimitación también tiene un reflejo a nivel internacional. Poder indicar que Las Ramblas eran un objetivo terrorista significa que los estadounidenses tenían fuentes en alguno de los lugares por donde los terroristas pasaron. ¿Por qué no fueron más específicos? Quizá porque no sabían más, pero también porque el valor de la Inteligencia está en sus fuentes y sus métodos y los protegen al extremo. Desvelar más detalles que, como vimos, puede acabar en la primera página de la prensa puede hacer caer una red labrada durante años.

Y el siguiente problema que surge es ¿cómo exponer ante un juez esos métodos y esas fuentes con seguridad? La Policía trabaja con pruebas recopiladas con unas garantías de que puedan ser enviadas a un juez y que no revelan métodos ni fuentes. La información de los servicios de Inteligencia no se obtiene de la misma forma y su exposición arriesga sus métodos (legales) de trabajo. Lo preocupante es que si solo utilizamos pruebas de Inteligencia para neutralizar tramas terroristas, pero no continuamos con las investigaciones -porque eso supondría desvelarlo ante un juez y los acuerdos entre agencias de Inteligencia prohíben que ninguna tercera parte acceda a esa información- vamos a seguir incrementando el número de detenciones y evitando posibles atentados pero siendo incapaces de conocer todo el fenómeno que es lo que a largo plazo nos dará la victoria sobre el terror.

Nuestras ciudades van a seguir siendo atacadas bien por los terroristas bien por el silencioso crimen organizado. En ser capaces de desarrollar una ciudad resistente y una adaptación de nuestros antiguos medios de seguridad estará el nivel de la calidad de la vida en las ciudades.

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