Visto y Oído

Antonio Sempere

Raquel

El Telediario del domingo 13 de agosto fue más que histórico por cuanto en él se dieron cita dos circunstancias excepcionales. Primera, fue presentado en solitario por Raquel Martínez, esa diosa. Segundo, y ya mucho más improbable: a lo largo de toda su escaleta no se escuchó el nombre de un solo político español. De ningún partido. Ni en el gobierno ni en la oposición.

Vamos, que salvo que en el minuto 40, de los 60 que dura, irrumpió el bloque deportivo, haciéndonos despertar del trance hipnótico en el que estábamos sumidos, podría decirse que fue el informativo perfecto. Raquel Martínez, rotunda, y con el aplomo que le caracteriza, convirtió en filigrana ese producto audiovisual que tan a menudo se convierte en mercancía sensacionalista de color amarillo.

Y dio paso sin titubeos a una importante red de corresponsales que demostraron, también en el puente festivo, que en ese negociado, a TVE no hay quien le haga sombra. Aunque alguna conexión, como la de Mavi Doñate desde la isla de Guam, sonase a oportunista: caso de que se líe la marimorena, yo ya estoy aquí.

Escribir hoy en día es una actividad de mucho riesgo. Loar públicamente a Raquel Martínez puede parecer un acto machista. En mi descargo, debo recordar que obré de semejante modo hará cinco años, cómo pasa el tiempo, cuando Oriol Nolis reinaba en solitario las semanas vacacionales en las que se quedaba de guardia. Nadie cantó sus hazañas como este cronista. Y sin que sirva de precedente, también romperé una lanza en favor de Pedro Carreño, el habitual compañero de mesa de Raquel, ahora de libranza. En su día leí cosas muy feas a propósito de su edad. Eso sí que es machismo, según mi criterio. Este fin de semana volveremos a disfrutar con Raquel. Pero no le quedará otra que hablar de políticos.

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