Las dos orillas

josé joaquín león

Ratas sin laboratorio

El gobierno municipal explicó que tuvieron problemas en el Zoosanitario

Hasta cierto punto, se ha considerado normal que en los centros sanitarios de investigación más avanzados de la sanidad pública hubiera ratas. Controladas y a buen recaudo, por supuesto. Ratitas y ratoncitos buenos para experimentos de laboratorios. Esos animalitos que sirven para la investigación, y reaccionan a los tratamientos más avanzados, y se ponen fuertes como tigres de Bengala; y a partir de ahí, la ciencia ya puede actuar con algunos humanos que se arriesguen a probarlo. Pero ratas como las que se han visto en los hospitales Virgen del Rocío y Macarena no tienen nada que ver con la calidad de la sanidad pública que auspicia la consejera Marina Álvarez.

En pleno verano tórrido, el PP denunció que había más ratas en Sevilla. En el gobierno municipal explicaron que tuvieron problemillas en el Zoosanitario con algún plaguicida, y que la culpa era de los recortes de Rajoy, o algo así. También se explicó que Lipasam está investigando para implantar un avanzado sistema que dejará a las ratas en las alcantarillas, su sitio natural. A falta de un exterminio en condiciones, al menos que no escapen, y no aparezcan en Ciudad Jardín o en el Tardón. Menos aún en la zona de la turismofobia, en la Puerta del León del Alcázar, el patio de Banderas y por ahí, donde sería un escándalo internacional.

La derecha siempre ha esgrimido la teoría de que hay más ratas con los alcaldes del PSOE. Cuidado, Juan Espadas. La derecha alardea de limpia, y recuerda que eso no pasaba con Soledad, ni siquiera con Juan Ignacio (a pesar de las que vieron en Padre Pío). La derecha piensa que cuanto más de izquierdas, más guarros. Y si bien es cierto que este alcalde siempre aparece bien aseado, con las ratas se le puede plantear una contradicción de clase. Y aunque los hospitales no son suyos, sino de Susana, resulta que están en el municipio de Sevilla, que es donde residen esas ratas.

La derecha no se acuerda de que en los tiempos de Franco había más ratas y ratones que ahora. Y antes de Franco también, está en la historia de las epidemias. Fue la democracia de la Constitución del 78 la que acabó con las ratas (o, al menos, las dejó tiesas en las alcantarillas). Ahora, después de la crisis, en los colegios tenemos más profesores y menos alumnos; y sin embargo en los hospitales no hay más médicos y menos enfermos, sino más ratas y más quejas. Se necesita un buen zafarrancho de combate.

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