Tribuna Económica

Gumersindo Ruiz

Razones de nuestra decadencia demográfica

Llama la atención que actualmente sea España el país de la Unión Europea (UE) donde la mujer tiene su primer bebé más tarde, a los 30,8 años de media, frente a 29 en la UE -en 2005 esa media de edad en España era 29,4 años-; en estos datos, que se mueven en un abanico muy estrecho, una diferencia de casi 2 años es grande.

El ratio de fertilidad o nacidos por mujer en España está estabilizado en 1,33, después de que cayera hasta 1,23 (era de 2,2 en 1980). En Andalucía es algo más elevado, 1,40, pero la tendencia es la misma, y estos indicadores convergen con la media española.

Las razones que se dan para esta decadencia demográfica son principalmente económicas, y se cita la crisis económica como causa primera de la aceleración en la disminución de la natalidad. En 2011, con dos años de retardo sobre 2009 cuando se percibe claramente la crisis, en 24 de 31 países de la UE, se había frenado el número de nacimientos. Pero también se frena en algún país del norte de Europa donde no se vieron tan afectados. El empleo precario y la dificultad de acceso a la vivienda, primero por los precios, luego por la elevación de alquileres, y en un contexto de salarios muy bajos, son las variables con las que se intenta explicar este fenómeno, en el que también influye la reducción paulatina de las tasas de natalidad en la población inmigrante. La cuestión del empleo parece significativa, y en España la fertilidad de las mujeres con empleo no disminuye tanto como la de las que no lo tienen; España es también el país de la UE donde la transición de un contrato temporal a uno estable es más baja -un 10% frente a un 22% de la UE -28-. Por otra parte, los niños se tienen en España, en un 46%, fuera del matrimonio, similar a la media europea, pero muy lejos del 26,5% que era en 2005, algo que se relaciona con hábitos sociales.

Algunos amigos míos con sentimientos profundos sobre el papel de la familia, me han mostrado desde hace tiempo su preocupación por las consecuencias de la crisis en la formación de nuevas familias estables, sobre todo en relación a disponer de una vivienda que permita la necesaria independencia. Siguen sin duda lo que dijo el papa Francisco hace un par de años de que: "el gran reto de Europa era volver a ser la madre Europa". Pero más allá de las estadísticas y las relaciones de causa y efecto, hay que recordar que el economista Richard Esterlin, decía ya en los años 60, que la gente evitaría tener hijos si sintiera que no eran capaces de criarlos con el mismo estilo de vida que ellos habían tenido. Esta idea interesante, que une la realidad con las expectativas, se concreta en la percepción de que hoy día es difícil y costoso tener hijos y mucho más si se les quieren dar oportunidades en la vida. Una política pública debería enfrentar esta cuestión en todas sus complejidades, pues tiene desde luego una dimensión económica y un sentimiento de inseguridad y zozobra, pero va más allá de la responsabilidad de los jóvenes sobre tener hijos, y entra en un terreno donde la situación personal, los sentimientos, y los hábitos, actúan sobre lo que podrían parecer decisiones tomadas solamente por la razón.

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