Iván Llanza Ortiz

Miembro de la Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo

Zambomba, patrimonio

Las Zambombas como las conocemos tienen su origen en los patios de vecinos de los barrios más flamencos de Jerez de la Frontera. Eran un punto de encuentro festivo donde compartir vinos, tapas, candela y, por supuesto, cante y baile. Una comunión en armonía donde cada miembro ofrecía lo que tenía, con independencia de su valor material, y donde lo realmente importante era la celebración entre amigos de la llegada de la Navidad. Por supuesto, el instrumento 'la Zambomba' era fundamental, aunque en ocasiones no estrictamente necesario, y podía suplirse por un buen cajón flamenco y una guitarra, obteniendo un resultado igualmente satisfactorio.

Actualmente el término y la celebración han ido desvirtuándose hasta encontrar multitud de acepciones para entender, según donde, qué es una Zambomba. Ahora son muchas las que organizan con esmero las peñas flamencas; otras que tienen un carácter benéfico; otras son convocadas por bares y discotecas, e incluso las hay de carácter laico, como las comuniones de pega. Como quiera que sea, esto ha tomado una deriva que ha llegado el momento de poner sobre la mesa los elementos fundamentales para que una Zambomba pueda considerarse como tal.

En primer lugar, y para que sea considerada una Zambomba, debe tener música en directo donde participen todos los asistentes y en la que los villancicos flamencos sean los protagonistas. En ocasiones otros estilos musicales terminan desvirtuando el concepto de celebración navideña. En segundo lugar, es básico que contemos con una amplia selección de vinos de Jerez para facilitar a los asistentes la integración en el grupo y asegurarnos que se desinhiben lo suficiente para que la experiencia sea realmente memorable. También es fundamental que, en cuanto a oferta gastronómica se refiere, contemos con tapas y platos generosos como son el ajo caliente, la berza, los chicharrones o las chacinas. Por supuesto, no hay zambomba sin pestiños, mantecados y una botella de Anís del Mono en los postres. Por último, es aconsejable contar con candelas donde poder refugiarse del frio y que tanto ambiente aportan a la estampa navideña.

En mi opinión, a partir de aquí todo es prácticamente opcional excepto contar con un buen grupo de amigos con los que disfrutar en armonía de esta entrañable celebración que debería ser considerada Patrimonio Intangible de la Humanidad, valorando su historia, su interés etnográfico y su valor como forma de preservar nuestro patrimonio oral trasladado de generación en generación.

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