Catedrático de Ciencia Política y de la Administración. Universidad de Barcelona

El terrorismo ya no es cuestión de Estados

Mal que les pese a algunos, los atentados de Barcelona ni han sido resueltos por un no Estado, que ha demostrado que si le dejan serlo, puede afrontarlo sin problemas, ni tener la condición de Estado hubiese permitido atajarlos.

Creo que el reconocimiento a los Mossos es merecido y, sinceramente, me ha alegrado el abandono, aunque sea por unos días, del infantilismo social que allá donde ve un miembro de un cuerpo de seguridad ve un represor del pueblo. Pero si analizamos con detenimiento lo acontecido -sin entrar a valorarlo-, no todo fue inmaculado. En concreto, la explosión de Alcanar debía haber levantado alguna alarma, el conductor paró su vehículo porque le saltó el airbag, no fue tiroteado y muerto como probablemente presuponía, sino que huyó a pie varios kilómetros, asesinó a otro ciudadano para robarle el coche, saltó un control policial y huyó de este segundo vehículo sin dejar pistas.

En menos de veinticuatro horas, otro vehículo con terroristas en su interior volvió a saltarse un control policial. El final de los cuatro terroristas interceptados, muertos por un solo mosso, entra dentro de lo excepcional, pues por su ubicación dentro del operativo en modo alguno era esperable una actitud y actividad como la que desempeñó, pues no se trataba de un miembro de una unidad de élite policial. El quinto terrorista del coche de Cambrils, que huía a pie, fue entretenido por un policía local de paisano de otra localidad que, literalmente, se jugó la vida hasta que llegó una patrulla y lo abatió. El conductor suicida apareció a más de medio centenar de kilómetros de Barcelona. ¿Alguien lo llevó o utilizó transporte público sin ser detectado? Su interceptación y muerte nacen de una llamada de una mujer que lo ve merodeando en un viñedo y lo reconoce. No se llega a él fruto de pesquisas policiales. Los disparos contra el terrorista -el conductor suicida huido- no fueron realizados por un operativo especial de SWAT, sino por dos policías que acudieron a comprobar si la llamada tenía visos de credibilidad. ¿Esperaba a alguien? ¿A quién?

Lo siento, pero los intentos de hacer creer que una excelsa investigación policial, "como la que haría la de un Estado", es la responsable única y última de la erradicación veloz del comando yihadista que atentó en Barcelona es, cuando menos, abusiva. La actuación policial tuvo de todo: bondades, carencias, fortuna y desgracias. Creo que el balance que mejor explica lo acontecido es el título de la obra teatral de Shakespeare All's Well That Ends Well -A buen fin no hay mal principio o bien está lo que bien acaba-. Además, ser un Estado no garantiza una buena Policía. Sobran ejemplos de lo contrario.

Todavía es más falso hacer creer -bien es cierto que a los que ya están de antemano predispuestos- que de haber dispuesto del reconocimiento internacional de Estado, el atentado se podría haber evitado o atemperado pues se dispondría de instrumentos que ahora no se le permitían. Lo anacrónico de esta argumentación es que hace ya mucho tiempo que las amenazas no son causadas por otros Estados-nación, sino transnacionales. Es decir, la lógica según la cual un Estado puede hacerse fuerte y evitar -si vis pacem para bellum- las amenazas que le generen otros Estados está prácticamente agotada. Hoy son escasos los países que al determinar sus principales riesgos de seguridad citen a otro sistema político. Los agentes amenazantes son movimientos transversales -religiosos, de crimen organizado, etcétera- sin ubicación fija.

Finalmente, al argumentar que se habría tenido acceso a los flujos informativos de seguridad entre Estados se obvia que éste se produce entre quienes se tienen respeto y confianza. Pretender el ingreso en ese club mediante el mancillamiento sistemático de la legislación y desoyendo todos los mensajes internacionales no parece la mejor vía.

En definitiva, mal camino la unilateralidad para quien desea disfrutar los réditos de la multilateralidad.

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