la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

Abriendo espacios al debate económico

EN el tren de Davos a Zúrich, Jaime Caruana, ex gobernador del Banco de España y actual director general del Banco Internacional de Pagos de Basilea, me comentaba que lo más interesante para él del Foro de Davos no eran tanto los debates sobre temas familiares como las nuevas ideas que podían aportarle una reflexión sobre las cuestiones a las que hay que enfrentarse cada día. En efecto, a veces las discusiones sobre la austeridad y equilibrio presupuestario, las medidas que ha de adoptar la Unión Europea para mantener los precios de la deuda pública, la propia política del Banco Central Europeo, la reforma y fortalecimiento del sistema financiero... dan la impresión de que son un debate agotado que vive sólo de lo que van añadiendo los acontecimientos, que poco más pueden decir los participantes en el mismo, y sólo queda ya actuar y tomar decisiones correctas.

No hay que olvidar que Jaime Caruana hizo un buen trabajo en el Banco de España, al obligar a la banca a realizar provisiones en función no de la baja morosidad que se tenía en aquel momento, sino de los impagos probables según la morosidad histórica, en prevención de un deterioro de la economía. Aunque esta medida pueda parecer insuficiente ante la magnitud de la crisis, era una llamada de atención tan clara sobre lo anormal de la situación inmobiliaria, que cualquier empresario o inversor prudente, financiero o no, debería haberla escuchado, obrando en consecuencia. Parece que tomar una medida y advertir repetidamente del peligro tenía que haber sido suficiente. Sin embargo, no fue así, y esto nos lleva a la idea del espacio de discusión que siempre necesita el debate económico, abriendo mentes y fortaleciendo voluntades, para hacer bien todo lo que hay que hacer.

Al principio de la crisis había una crítica espontánea contra los fallos de funcionamiento de la economía, con propuestas más o menos radicales de reforma social, junto con las evidentes para conseguir un cierto equilibrio económico; estos movimientos se han ido poco a poco desdibujando por la realidad de bajo crecimiento y paro que pone en una situación límite a trabajadores y pequeños empresarios, para los que la austeridad extrema es una penitencia, una culpa, que no entienden. Los jefes de Estado de la Unión Europea se reúnen en Bruselas, en un país en huelga general. El debate está dentro, en el ámbito cerrado de las reuniones, y también fuera, recordando a los líderes que deben tener una visión de hacia dónde va nuestra sociedad, unos valores y principios sobre libertad en la economía pero también de igualdad y cooperación, y ser capaces de dar soluciones directas a los problemas que hoy padecen muchos ciudadanos. Como nos dice el periodista Harry Eyres, hay que oír lo que se discute en la calle porque es un contrapunto espontáneo a la forma rutinaria en que tratamos las noticias y se debate en los ámbitos políticos formales. Hay espacios vitales en la actual crisis económica y social para abrir y ocupar con ideas nuevas, que sean el fruto de un debate y pensamiento general compartido, y no sólo de una discusión cerrada con intereses muy específicos.

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