Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Acoso a los indecisos

EL populismo high tech de Sarkozy retrocede en Francia. La opinión pública empieza a pasarle factura al presidente y advierte a la Europa del sur que no todo el monte es Italia, que la política sólo para las cámaras arruina la vida pública. Dicen que los estrategas de la seducción quieren hacer de la triste figura un Sarko a la española, pero Rajoy tiene, por fortuna, más de político que de animador de verbenas. En realidad, Acebes y otros sastres, con el patrón y hechura de Aznar, no están vistiendo exactamente a un Sarkozy, sino a un personaje mucho más a la derecha, con lo que desquician la figura del líder gallego, por naturaleza templada. Rajo[z]y es excesivamente rígido como contorsionista, desgarbado en los malabarismos, patituerto en el alambre, asustadizo ante los leonesý y, cuando se emplea con la chistera, saca los conejos a destiempo y las gaviotas parecen halcones. No es papel para Rajoy.

Algunos aseguran que la técnica del ping-pong Zapatero-Rajoy, al parecer sin debates encima o debajo del puente, es una expresión vanguardista de la post-política. Las elecciones norteamericanas, ¡quién lo iba a decir!, han venido a desmentir esa idea peregrina y a calificar de miserables unas estrategias que desprecian la cultura democrática. Sobre el campo de batalla apenas vocean los líderes en duelo. Dominan los obuses que restallan en de los titulares de los diarios, las bravatas en las aperturas de los noticiarios. No hay contexto de partido ni aquello que se llamaba programa... Pura economía bipolar de la atención. Un acoso a la voluntad de los débiles e indecisos, los que "no saben-no contestan", destinado a reducir la abstención, con el riesgo de ampliarla entre los que sí saben y estaban dispuestos a contestar.

Como estimulante de la participación, del cuerno de la fortuna sale cada día un premio gordo. Nunca se ofreció tanto dinero al borde de una crisis económica. ¿Esperaban y merecían esta suerte los fieles, aquellos que ya tenían decidido el voto? La fidelidad electoral no se sostiene en remates de última hora, sino en la orientación de la acción, por lo que muchas convicciones contrariadas pudieran esfumarse ante las urnas.

Si comparásemos las prácticas de los partidos europeos, seguramente comprobaríamos que los nuestros tienen dificultades para desbancar del último puesto a los de Italia, allí donde il cavaliere pretende volver a gobernar desde su plató privado. El mismo plató en el que el amo de Tele 5 y otros amos buscan hacer caja con la transmisión de un debate Rajoy-Zapatero, poco probable, fuera de la televisión pública de España, que sigue siendo la única sujeta al control parlamentario del Congreso de los Diputados. A la televisión de Berlusconi se la califica de cancha neutralý ¡Manca vergogna!

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