Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Actas arrojadizas

TODA la vida especulando sobre quién mandaba en ETA, si el jefe de los comandos o el del aparato político, pero va y resulta que el más importante era el delegado de actas. El PP está convencido, como la mayoría de los españoles, de que Zapatero está amortizado y ve en Rubalcaba a su peor enemigo. Enemigo y no adversario, porque en el Partido Popular le tienen muchas ganas desde su intervención el 13 de marzo de 2004 por la tarde, cuando dijo en directo para toda España aquello que de que los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta, y volcó de manera decisiva el voto del día siguiente. Y además de ganas, le tienen miedo. Es el único al que consideran capaz de salvar al PSOE de una derrota morrocotuda en las elecciones generales. Quizá incluso hasta con talento para empatar. ¿Se imaginan un par de debates televisados entre Rajoy y Rubalcaba?

Así que, puesto en la diana como el enemigo a batir, le llueven los golpes al miembro más valorado del Gobierno en las encuestas; un ministro del Interior que está desarrollando una eficaz labor en la lucha contra el terrorismo. Pero le acusan de colaboración con la banda armada. Todo viene a raíz del caso Faisán, en 2006, en el inicio de las conversaciones con la banda autorizadas por el Congreso. Un chivatazo a ETA impidió la detención del aparato de extorsión de los terroristas. Cuando la Guardia Civil le echó el guante en 2008 al jefe del aparato político de ETA, encontró las actas que Thierry levantó de las reuniones entre enviados del Gobierno y dirigentes etarras entre 2005 y 2007, dos de ellas después del atentado de la T 4. De ser cierto lo que ahí se recoge, la cúpula de Interior quedaría en entredicho. Rubalcaba niega que lo que dicen esas actas sea verdad, lo califica de bazofia. La cuestión es creer a ETA o al Gobierno, pero nos falta información.

Hay una vieja afirmación de Mayor Oreja, "ETA mata, pero no miente", cuya filosofía ha aplicado la avanzadilla popular en esta ocasión contra el presunto candidato socialista. Este principio es muy discutido. Un buen conocedor, Josu Jon Imaz, era presidente del PNV en 2007 cuando explicó en La Vanguardia las mentiras que ETA había lanzado a través de Gara sobre el fracasado proceso de paz. Y dijo una frase muy juiciosa que demostraba por qué pensaba que los terroristas siempre mienten dentro de su estrategia política: "La banda ha echado mierda sobre las personas que ha asesinado". Podía haber dicho algo más sencillo: si los políticos mienten, ¿por qué no lo iban a hacer los etarras? Hace un año, en respuesta a un comunicado de ETA, un bloguero escribió "ellos dicen mierda y nosotros decimos amén". Ese amén puede convertir los papeles de Thierry en actas arrojadizas contra el Gobierno. Y a su autor en un peligroso manipulador que suministre armas para la guerra electoral. Propaganda. Mala cosa.

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