Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Acueducto ferroviario

HACE más de treinta años Iberia inventó un eslogan que decía "sólo el avión recibe más atenciones que usted". La compañía de bandera española era una empresa pública bastante moderna. En aquella época creó el puente aéreo de Madrid a Barcelona, que acercaba a las dos principales capitales españolas. Ahora un AVE Madrid-Barcelona, recorrerá la diagonal del cuadrado vital del desarrollo español. Los otros vértices de ese polígono, País Vasco y Valencia, de momento no tienen conexión ferroviaria de última generación.

Lejos del emporio del progreso, aquí en Andalucía se estrena hoy un tren de velocidad alta, que hace el remedo del que une la capital de España con la de Cataluña. No es un puente ferroviario, sino todo un acueducto Sevilla-Córdoba-Puente Genil-Antequera-Málaga, por las vías de alta velocidad. Un lujo por el doble de precio y 30 minutos menos de las dos horas y media del trayecto convencional de Málaga a Sevilla, por Bobadilla, Pedrera, Osuna, Marchena y Dos Hermanas. Es una consolación de la línea directa que se está construyendo entre las dos capitales andaluzas con más habitantes, que no entrará en servicio hasta 2010.

Mucha técnica y grandes inversiones, pero en la empresa pública Renfe no tienen noticia del antiguo eslogan de Iberia. Dos meses después de su inauguración, el AVE Málaga-Madrid, más allá de la puntualidad de sus trenes, ofrece un curioso anecdotario. Ciudadanos que han llegado a Atocha una hora y cuarto antes de su AVE y no han podido cambiar el billete para el tren anterior: en Atención al cliente, cuatro personas ociosas explican que allí no se ocupan de eso, que su billete no tiene código de barras y no lo cambian las máquinas y debe acudir a taquillas, en donde se eterniza de una ventanilla a otra, hasta que el desventurado viajero decide esperar a su tren. La compra por Internet, con frecuencia no está disponible. Y las explicaciones son escasas: para cambiar un tramo de un billete de ida y vuelta, el usuario acaba cancelando el otro trayecto.

Eso sí, no vamos a echar de menos el tren regional convencional. Una línea que no habría sobrevivido en Cataluña. Allí, la revuelta contra el desastre de los cercanías habría llegado al escándalo si los regionales tuviesen retrasos permanentes en de cinco, diez o quince minutos, que en ocasiones se han acercado a la hora. A la ministra de Fomento ha acabado repudiándola hasta su compañero de partido, el consejero de Obras Públicas de Cataluña, Joaquim Nadal. Aquí somos más comprensivos, aunque las relaciones de Magdalena Álvarez con la consejera saliente andaluza, Concha Gutiérrez, no eran mucho mejores que las que tenía con Nadal. Bienvenido sea, en todo caso, el falso AVE Sevilla-Málaga. El servicio de una compañía en la que todos los recursos reciben mejor atención que el usuario.

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