Editorial

Adiós a la Dama de Hierro

MARGARET Thatcher, ex primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990, falleció ayer víctima de un infarto cerebral. Con ella desaparece una figura relevante de la política británica e internacional del último cuarto del siglo XX, conocida en el mundo como la Dama de Hierro a causa de su determinación y firmeza. Hija de un modesto tendero, irrumpió con fuerza en un Partido Conservador tradicionalmente reservado a los hombres y llegó a ser la primera jefa de gobierno de la Corona británica tras las elecciones de 1979. Su política no dejó indiferente a nadie y estuvo marcada, a la vez, por los principios del nacionalismo y el patriotismo y por la aplicación estricta del pensamiento neoliberal en materia económica. Junto a Ronald Reagan al otro lado del Atlántico apostó claramente por el llamado capitalismo popular y la consolidación de las clases medias. Se enfrentó a los poderosos sindicatos, a los que despojó de su antiguo poder tras la famosa huelga de los mineros, y su política económica se basó en la reducción del gasto público y, en general, la retirada del Estado, disminuyendo los impuestos y privatizando las empresas públicas, lo que se tradujo en el control de la inflación, al tiempo que aumentó el paro y se recortaron las prestaciones sanitarias y educativas del Estado de bienestar. Curiosamente fue la imposición de un impuesto municipal lo que se convirtió en el detonante de la rebelión que en el propio Partido Conservador llevó a su dimisión, en 1990. Antes de eso, cuando parecía abocada al fracaso en las urnas después de su primera legislatura, la dictadura militar argentina la "salvó" de la derrota al invadir las islas Malvinas, uno de los últimos reductos del Imperio Británico. Su declaración de guerra, contra la opinión de sus ministros de Defensa y Asuntos Exteriores, y la victoria fulminante del cuerpo expedicionario que envió al conflicto le granjeó tal popularidad que revalidó su mayoría frente a un Partido Laborista que pensaba recoger el descontento de las clases populares con sus recortes y medidas de liberalismo clásico. Fue también enérgica enemiga del desafío terrorista del IRA, al que combatió con fiereza y a uno de cuyos atentados más espectaculares sobrevivió. En el ámbito internacional, aparte de la recuperación patriótica de las Malvinas, mantuvo al Reino Unido orgullosamente al margen de la construcción europea y combatió el comunismo, formando un eje estratégico decisivo con Reagan y el papa Juan Pablo II, y alentó los cambios protagonizados por Gorbachov en el Este que, a la postre, darían lugar a la desintegración de la Europa comunista y el fin de la política de bloques: un mundo nuevo.

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