Desde el fénix

José Ramón Del Río

Adiós, cachete, adiós

CON la entrada en vigor de la Ley de Adopción Internacional que reforma nuestro Código Civil, los padres no estarán facultados para corregir a sus hijos menores, propinándoles ni siquiera un leve cachete o, como hacían las madres, dándoles un pellizco de monja. Cuando yo estudié el Código Civil, éste conservaba la misma redacción que cuando se promulgó en 1888 y los padres podían corregir a sus hijos y castigarlos moderadamente. Casi cien años después se reforma y los padres siguen pudiendo "corregir razonable y moderadamente" a los hijos, pero ya no pueden castigarlos.

Ahora, 30 años después, con el pretexto de aquella ley, se aprovecha para dar respuesta a los requerimientos del Comité de los Derechos del Niño, que, según nuestro legislador, "estaba preocupado" porque la facultad de corrección moderada concedida a los padres por el Código Civil, pudiera contravenir la Convención sobre Derechos del Niño, de 1989 y, por ello, también se quita a los padres la facultad de corregir a sus hijos. Desde hoy, con la entrada en vigor de la ley, los padres ya no tienen facultad alguna, sino el deber de ejercer su patria potestad "en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad y con respeto a su integridad física y psicológica".

Debo aclarar que no me gusta ningún tipo de violencia y que, siendo padre de siete hijos y habiendo vivido en más de la mitad del siglo pasado, donde era normal la bofetada a los hijos y excepcionales -aunque se daban- los correazos, sea por contestaciones impertinentes o por hechos más graves, nunca puse la mano encima de los míos. Por tanto, no se trata de defender actuaciones improcedentes de padres de mano ligera que, con motivo o sin él, pegaban a sus hijos. Pero parece una exageración el que después de haberse suprimido la facultad de los padres de castigar a sus hijos, ya no puedan ni siquiera corregirlos, cuando yerran. Lo que desde ahora tienen que hacer los padres es respetar la personalidad de sus hijos y su integridad física y psicológica. Se trata, por tanto, de dejarlos que se críen a su aire y confiar en la bondad intrínseca de la naturaleza humana.

Lo que resulta curioso es que estas medidas, calificadas de progresistas, se dan tan sólo en la dirección que conviene. Que los padres no puedan dar siquiera un cachete a su hijo, ante una contestación impertinente, puede ser una conquista del pacifismo y de la no violencia, pero uno se queda perplejo cuando el mismo tiempo debaten nuestros gobernantes la posibilidad de ampliar los supuestos de aborto, condicionándolos tan sólo al tiempo de la gestación. Hasta que nazca usted es dueño de la vida de su hijo, en gestación. Cuando nazca, ni un cachete.

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