desde mi córner

Luis Carlos Peris

Adrián, ante una lluvia de azúcar

Reconociendo que su actuación del sábado fue de matrícula de honor, los elogios vienen de manera prematura

CONSIDERO que el botafumeiro con que se esparcen los elogios le ha llegado demasiado pronto a Adrián, el emergente portero que el Betis se ha encontrado en su propia casa. Inocente de forma absoluta en el desastre bético de La Rosaleda, su partidazo del sábado ha hecho que el incienso fluya de manera desorbitada y, creo, de forma nociva para él. Todo esta avalancha de tinta y palabras puede jugar en contra del muchacho, aparte del plus de presión que va a caerle y que puede provocar que el edificio se tambalee. Los elogios están bien, estupendamente, pero, como todo en la vida, si se reparten con mesura.

Está claro que el sevillano propició que a estas alturas de la Liga, su equipo esté donde está en una clasificación que los béticos andan enmarcando para que dure lo más posible. Sin su concurso, está claro que el Betis no tendría doce puntos sino nueve, ya que su actuación impidió que la Real Sociedad cantase bingo en la noche del sábado al final de la Palmera. Todo lo hizo bien en una encrucijada tremendamente comprometida para él. Suponía su debut ante la clientela bética y eso suele influir en el estado nervioso del individuo, algo que se multiplica cuando dicho individuo juega en el puesto más trascendental de un equipo de fútbol, el de guardameta.

Pasó que su debut no fue de aprobado, sino de matrícula de honor. Desde aquel mano a mano en que le tapó toda la portería a Carlos Vela hasta el desvío para sacar de la escuadra un misil tierra-aire cuando moría la primera parte, todo lo realizó como, me imagino, lo habrá soñado todas las noches desde que llegó a los potreros de Los Bermejales. Dicho todo esto no tengo más remedio que insistir en que el chorreo de piropos suena a incontinencia que Adrián habrá acogido con gozo, pero con los que hay que ir con mucho cuidado porque han sido muchas las flores que florecieron sorprendentemente y muchísimas las que fueron de un solo día. Cuidado con el azúcar.

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