Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Afeado

ESTO sí que es una fea como Dios manda. Una muchacha que repele, que apena, que sorprende y que al final acaba entusiasmando. Betty se estrenaba anoche (por fin) en Cuatro y habrá despejado cualquier duda sobre su calidad y de lo mucho que dista de la fabricación culebronera de la Bea española. La serie norteamericana, este Diablo viste de Prada catódico, es una revisión del mito colombiano, convertida en una historia neoyorquina incesante, poliédrica y llena de ingredientes. Es melodrama ácido condensado. Lo que Betty cuenta en 45 minutos en una telenovela cualquiera tardan 20 capítulos. Diferenciemos y salvemos a la del poncho.

Entre otras bondades de esta premiada comedia se encuentra su imagen de integración de los hispanos en la sociedad norteamericana. Lo que comenzó como un provecho oportunista se ha convertido en un escaparate social, que a veces exagera las intimidades latinas pero que también pone a los anglosajones en su sitio. Lo importante es que nos reímos "con" Betty, no "de" la fea, que sería lo fácil y recurrente. Aunque sea torpona y se tropiece con los cristales, esta chica que encarna America Ferrera es perspicaz, brillante, algo desnortada, pero no blandengue, e inteligente en un universo de alimañas (los que trabajamos en un periódico reconocemos cada ejemplar de esa redacción de la revista de moda). La mala, el personaje de Vanessa Williams, es digno de un Disney animado. Y ese jefe priápico que al final termina valorando al abnegado centollo que le han puesto de secretaria...

A una cuidada producción le han añadido guiños como la parodia de las hipérboles de culebrón (donde aparece Salma Hayek), lo que le gusta ver por la tele a la protagonista, o la reportera del canal temático que pone en situación a los espectadores. Hollywood puede permitirse convertir una ficción de plástico en una joya.

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