Por montera

mariló / montero

Agua por agua

LA sintonía que seleccionó Leonor del móvil acaba de despertarla a las cuatro menos cuarto de la mañana. A la misma hora Martina se despereza sin mover un ápice el silencio que cubre tan denso como manso a toda su familia. Bajo él y la oscuridad duermen su esposo y cuatro hijos. El que lleva en el vientre está acostumbrado a los vaivenes cual mecedora que acuna más profundo su sueño. Leonor piensa en el todas las cosas que tiene que afrontar ese día, mientras sin darse cuenta, ya está bajo la ducha atenta a su programa favorito de radio. Se lava los dientes, y completa sus abluciones sin privarse de que su piel esté hidratada al igual que su cabello. A Martina ni siquiera le cuelgan los pies al incorporarse del camastro puesto que duerme sobre una esterilla en el suelo de barro prensado por sus propios pies al igual que las paredes de la chabola en la que vive y que forma parte una pequeña aldea africana de Benin. Enrolla su figura en una tela. Descorre la cortina de la casa de barro y cuatro gallinas le revolotean asustadas como si no la vieran por primera vez. Podría definir su caminar como entre sensual por la sinuosidad de sus grandes caderas como tan cansado por la caída inerte de sus brazos negros y fibrosos. Más bella se me pone cuando se agacha hasta el suelo sin doblar la columna para coger un cubo gigantesco para colocárselo sobre la cabeza y echar a andar como gacela. Martina alza la mirada frente a su camino y piensa en los proyectos del día que sin amanecer, y antes de reunirse con las otras mujeres del poblado sabe que le quedan quince kilómetros hasta el pozo de agua donde habrá de cargar el cubo, regresarlo hasta su casa, hacer sus labores y a las ocho de la mañana empezar a picar piedra hasta las seis de la tarde. Un trabajo por el que le dan un euro al día. En el transcurso de la jornada Leonor habrá bebido, dos litros de agua, que además por prácticamente prescripción médica en España se insiste en que debemos beber esa cantidad para cumplir con uno de los hábitos saludables. En cambio Martina sólo tiene ese cubo de agua para toda su familia y para todo el día por lo que tanto ella, como el bebé que lleva en su vientre, sus hijos, su esposo tienen los labios secos, la piel seca, están deshidratados, se quedan inconscientes e incluso pueden morir. Como Leonor hay millones de seres, inconscientes de la importancia del agua que se escurre entre sus dedos. Como Martina hay otros tantos millones que tienen las manos abiertas y secas por las que no se escaparía ni una sola gota.

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