La tribuna

Pablo A. Fernández Sánchez

Aguas marítimas de Gibraltar

UN nuevo incidente en las aguas de la Bahía de Algeciras ha vuelto a poner de manifiesto la insuficiente cooperación hispano-británica en materia tan fundamental como la lucha contra el contrabando, el narcotráfico, la inmigración clandestina o el tráfico ilícito de personas en la zona de Gibraltar.

En este caso ha sido la penetración de una patrullera de la Guardia Civil en aguas interiores del puerto de Gibraltar.

España no discute que estas aguas del puerto de Gibraltar sean aguas interiores de la colonia británica. Ese espacio (el puerto) fue cedido en el Tratado de Utrecht y, por lo tanto, España no lo objeta. Y las aguas de un puerto, según el Derecho Internacional, son aguas interiores, es decir espacio de soberanía del ribereño territorial.

Desde luego, la torpeza de los guardias civiles, en zonas de tan delicada sensibilidad política, está fuera de lugar. Nadie pone en duda que el celo de estos agentes por perseguir a un buque que habiendo salido de Gibraltar se dirigía ilegalmente a Campamento (zona española) es lo que les animó a continuar la persecución que ellos creerían "en caliente" hasta penetrar en la misma bocana del puerto de Gibraltar, a donde trataban de refugiarse.

Desconozco la experiencia de estos agentes de la Benemérita en la zona pero estoy seguro de que no ignoran la sutileza de los Gobiernos español y británico respecto al tema de las aguas de la Bahía de Algeciras.

España no ha establecido líneas de base rectas en la Bahía de Algeciras para delimitar sus aguas interiores y los demás espacios marítimos. Por tanto, las únicas aguas interiores existentes en la Bahía son las del puerto de Algeciras y las de puerto de Gibraltar (que ya he dicho que España no objeta). El resto de las aguas son aguas territoriales, es decir, que a diferencia de la mayoría de los españoles, los campogibraltareños se bañan en aguas territoriales y no en aguas interiores.

El problema es si dichas aguas territoriales de la Bahía solamente lo son de España (posición diplomática española) o hay que compartirlas en el marco de una delimitación equidistante (posición británica).

Por ello, precisamente, siempre hay que andarse con pies de plomos en estos asuntos (y en lo relativo al espacio aéreo también, aunque este es menos controvertido). La situación está clara en términos jurídico-internacionales y diplomáticos. España siempre señala reservas y declaraciones interpretativas en todos los tratados internacionales que ratifica y que puedan tener que ver con este tema. Por tanto, tiene más que salvaguardada su posición jurídica. En este aspecto es un objetor persistente.

El problema es la escasa cooperación policial (y también judicial) que existe entre España y el Reino Unido en estas aguas, por muy controvertidas que estén.

Por ejemplo, la persecución en caliente de la delincuencia o de las entradas o salidas ilegales de embarcaciones sospechosas no existe en la zona. Lo que es muy común, en el ámbito de la cooperación policial y judicial de la Unión Europea, en la que agentes españoles o portugueses o franceses pueden penetrar, armados, en territorio soberano del otro país, siempre que se trate de una persecución continuada de delincuentes, no es posible en la Bahía de Algeciras. Bastaría un tratado internacional bilateral, en el marco de los tratados complementarios de la Unión Europea.

¿Qué es lo que se impone, pues? Grandes acuerdos de cooperación en esta materia entre España y el Reino Unido. Sin que afecte a la posición política de ambas partes, hay que tratar de resolver los problemas cotidianos de la Bahía, incluyendo el fondeo de buques, la protección medioambiental de la Bahía, la represión de la delincuencia, la lucha contra la inmigración ilegal, etc.

En el marco de una Unión Europea, lo importante es la solución de los problemas de los ciudadanos en el ámbito que sea más favorable. Tenemos instrumentos jurídicos que ya estamos aplicando con Portugal y con Francia con notable éxito, como son los Tratados de Cooperación Transfronteriza, donde caben todos los problemas presentes en la Bahía de Algeciras. ¿Por qué no ponerlos también en marcha en esta zona?

Nadie puede decir que esto significaría una renuncia española a sus posiciones diplomáticas. Veo mucha más renuncia sabiendo que el ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, llama por teléfono a Caruana para disculparse y rogarle que devuelva a los agentes de la Guardia Civil, capturados y desarmados, o creando nuevos incidentes diplomáticos innecesarios que obligan al ministro de Asuntos Exteriores a intervenir.

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