Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Ahora sí, adiós al Ronaldo mejor

Cuando andaba a machetazos con la vida para reencontrarse con el que fue, la 'otra' rodilla le ha traicionado

SALVO uno de esos milagros que rara vez se dan, salvo que todo dé un giro copernicano, resulta que nos hemos quedado sin uno de los arietes más fantásticos que conocimos. Ronaldo no volverá a ser el que fue, aunque ya hiciese bastante tiempo que no era el que nos asombró en el Barcelona, el del gol a Fernando en Compostela por ejemplo. Aunque siguió marcando goles después de que su rodilla derecha hiciese crac. Aquella vez fue en Roma con la Lazio y por televisión a todos nos dolió como si la rodilla fuese una de las nuestras y no la de esa especie de búfalo en estampida que es lo que parecía cuando encaraba la puerta contraria.

Ahora ha sido bajo el pabellón del eterno rival, la derecha se la destrozó con el Inter y la izquierda antier noche con el Milan. Todo indica que Ronaldo, la mayor fuerza de la naturaleza desatada con un balón pegado al pie, puede retirarle de un fútbol en el que ya no estaba tan integrado como lo estaba en aquella 96-97 en el Barça de Bobby Robson y de Mourinho. Mucha agua pasó bajo los puentes desde aquel curso y casi ninguna fue tan cristalina. Únicamente sus dos goles a Oliver Khan en el Mundial del Sol Naciente tuvo algo que ver con lo que hizo de blaugrana, claro que con esos tantos se las avió solito para que Brasil fuese pentacampeón del mundo.

En el Real Madrid rozó algo de la gloria vivida en Barcelona a nivel individual, que en conjunto sí que alcanzó más títulos. Fue abanderado de la Galaxia Florentino y se fue a pique con ella por el mero hecho de colisionar con el hombre que reflotó al equipo, Fabio Capello. Sus problemas con la báscula y su apego a la buenísima vida fueron convirtiéndolo en ex futbolista de forma prematura. Ahora, cuando estaba a la caza y captura del tiempo y de la gloria perdidos, la otra rodilla, la que nunca le había dado problema alguno, ha imitado a la otra. El rotuliano a hacer puñetas y el tiempo que no se para pueden hacer de cóctel para el adiós de una estrella con luz propia.

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