La esquina

Ahora, a convencer a los barones

ÍÑIGO de Barrón publicó en El País un atinado comentario al hilo del único acuerdo relevante al que llegaron Zapatero y Rajoy en su decepcionante cumbre del miércoles. Su título, Ahora que se lo digan a los barones, ya lo decía todo.

Zapatero y Rajoy, Rajoy y Zapatero, no hicieron más que poner letra a la música que las direcciones nacionales del PSOE y el PP han venido entonando desde hace meses y a la que el Banco de España -al que nadie hace caso- prestó partitura: las cajas deben fusionarse para ganar musculatura y su gestión ha de recaer en los profesionales para eludir las interferencias del poder político.

Ahora bien, las prédicas de los líderes nacionales de ambos partidos no se han traducido en donaciones de trigo por parte de sus correligionarios con presencia activa en las cajas de ahorros. No hay más que recordar el pertinaz intervencionismo de Esperanza Aguirre en busca del control de Caja Madrid o las maniobras de Núñez Feijóo en Galicia haciendo y deshaciendo sobre la vida y futuro de las cajas de su territorio, por lo que se refiere al PP. En lo que respecta al PSOE, nos pilla cerca la actuación de Manuel Chaves, como presidente de la Junta, para evitar que Cajasur se integrase con Caja Murcia, lo que la hubiese privado del control de la comunidad autónoma andaluza.

Los buenos propósitos de Zapatero y Rajoy pueden chocar con los intereses de sus propios barones territoriales, que desde hace tiempo no conciben ningún sistema de cajas de ahorros que no las convierta en instrumentos potentes de sus políticas económicas y sus programas de desarrollo regional. Tiene lógica, porque aquí no hay un problema de buenos y malos, sino un conflicto de intereses y de poderes: el poder central que se expresa a través del Ministerio de Hacienda y el Banco de España frente al poder de las autonomías. Los dos disponen de argumentos de peso para decantar la batalla a su favor, pero no es eso lo que decide en última instancia.

El fondo del problema remite a una debilidad de nuestro Estado de las autonomías. Mejor dicho, de la manera en que se ha desarrollado. Las comunidades autónomas se han reforzado en todos los ámbitos y han impuesto la idea, ahora ya en revisión, de que es preferible siempre el poder más cercano que el más lejano. Por otra parte, ha fallado con estrépito la segunda pata del sistema autonómico, que es la cooperación institucional. Las relaciones Estado-autonomías se han visto marcadas por el signo de la reivindicación, mientras que la cooperación queda reducida a algunas representaciones teatrales en el Senado. Los barones se han venido arriba y ahora es más difícil que se avengan a perder poder.

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