La ciudad y los días

Carlos Colón

Ahorro sin pérdidas

TODOS los días la noche se inicia con un culebrón. Tras él los domingos nos ofrecen el soportable Regreso al futuro y una película casi siempre comercial en el más restrictivo sentido de la palabra; los lunes, el tolerable serial sobre el Dos de Mayo; el martes, otra película de las mismas características y el horroroso Paz en la tierra, un late night show que por lo visto Canal Sur no podía dejar de tener; el miércoles, una serie de ficción infumable y el dichoso late night; el jueves otra película generalmente mala y más late night; el viernes, Los reporteros (¡uf!, menos mal), Menuda noche y una película casi siempre infumable; el sábado, Andaluzas (¡uf!, otra vez) y Se llama copla. Esto en Canal Sur Uno, mientras el segundo canal, bastante más decente en los casos de Cifras y letras, Andaluces por el mundo o la emisión de buenas películas que, eso sí, deberían estar mejor revisadas (es frecuente que no se respeten los formatos y el otro día vimos Perdición con la música de Lawrence de Arabia en vez de la que le compuso Miklòs Rózsa), también cuela lindezas como SOS estudiantes o Colga2 con Manu, pese a su carácter supuestamente cultural y su vocación de servicio a las minorías abandonadas por las televisiones generalistas.

Visto lo cual, y pese a la existencia de otros programas dignos como Salud al día, Tecnópolis, Andalucía es su nombre o Tierra y Mar, cabe preguntarse si estos resultados justifican la cuantiosísima inversión de dinero público en la televisión autonómica andaluza. La respuesta sensata es no. Al menos un canal debería privatizarse, y si se hiciera con los dos, poco sufrirían la cultura y la información andaluzas. Lo mucho malo y vulgar que Canal Sur emite no lo podría empeorar o hacer aún más vulgar una televisión privada (Nacho Vidal, Yola Berrocal, Leonardo Dantés, Manu, Paz Padilla, El Risitas, La Madame, El Sevilla o el "tuppersex" de Olga Bertomeu y sus castizas contertulias se mueven como peces en las aguas turbias de la televisión comercial). Y lo poco bueno podrían emitirlo, con patrocinio público, las nuevas emisoras privatizadas o las locales.

Lo único que se perdería es el retrato de Dorian Gray del PSOE que es Canal Sur Televisión. No deja de ser pedagógico que, frente a los discursos públicos progresistas, estos programas revelen el rostro menos favorecedor -por más cortijero, reaccionario, vulgar, señoritil, alérgico a la cultura y demagógico- del socialismo andaluz. Ya saben: mientras el libertino Dorian Gray permanecía siempre joven, sus vicios degradaban su retrato escondido.

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