Visto y oído

Antonio / Sempere

Albadalejo

MIGUEL Albaladejo es uno de nuestros cineastas en activo mejor dotados. Su ópera prima, La primera noche de mi vida, ganó en la primera edición del Festival de Málaga. No era un espejismo. Después de siete largometrajes su estilo sigue siendo muy reconocible, y su intuición cinematográfica, por momentos, sorprendente.

Después del que ha sido el parón más largo en su producción tras Volando voy, ahora se encuentra a punto de iniciar Nacidas para sufrir, proyecto que presentó en los Cursos de Verano de la Complutense. Con decir que va a tener aroma de cuento, con decir que va a estar protagonizado por mujeres que viven en un pueblo donde todas se conocen y se juzgan y se hacen daño, y sobre todo, con decir que la historia se centrará en la relación entre una señora, interpretada por Petra Martínez, y su criada, encarnada por una Anabel Alonso, es más que suficiente para hacernos una idea del festín que se avecina y para comenzar a salivar hasta que, muy probablemente en el próximo Festival de Málaga que se inaugura el 17 de abril, desvelemos en qué ha quedado el experimento. Da alegría comprobar cómo, mientras algunos de los cineastas otrora mitificados, los Gutiérrez Aragón, Gonzalo Suárez, Mario Camus, pierden fuelle película tras película, y otros de las nuevas generaciones se debaten entre una radicalización de lo experimental que juega contra el público y el mimetismo de los modelos televisivos que no le toman en serio, todavía existe una tercera vía. Esa donde habita un Albaladejo capaz no sólo de respetar al espectador, sino de seducirlo, de emocionarle. De ofrecerle películas impregnadas de magia. Provocando un pellizco al tiempo que una sonrisa cómplice. Todas esas cosas tan inasibles como auténticas que es capaz de dar, a fin de cuentas, el cine en estado puro.

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