puerta de los palos

el Fiscal

Alcalde bajo palio

Sevilla es una cápsula de felicidad ajena a los miedos que agitan a una España de gobierno incierto

S EVILLA es una cápsula. El PSOE se entrega a los pies de los temidos sultanes de Podemos, derramando en el altar de Pablo Iglesias el poco oro que queda en Ferraz, mientras aquí seguimos igual, en la felicidad de Lampedusa, pese a que Juan Espadas (¡Qué tremendo es mi alcalde!) es alcalde gracias a los muchachos podemitas. ¿Romper las relaciones con la Iglesia? Por favor... Eso es cosa del presidente manchego. Aquí, Espadas ya ha firmado la subvención anual para los cuatro señores del Santo Entierro, se ha tomado la cerveza en casa del pregonero, Rafael González Serna; ha aprobado la ayuda económica para la organización del Pregón de la Semana Santa, ha soltado los seis mil euros que cuesta el cartel de las Fiestas Mayores y se ha fotografiado en el mismísimo Ayuntamiento bajo el precioso palio de la Virgen de las Mercedes, la de gente buena del Tiro de Línea. ¡Si entre los ediles podemitas hay hermanos de las Penas de San Vicente! ¿Verdad, Juliancito? Si Pablo Iglesias tiene toda la pinta del tío que empuja el carro de las varas de repuesto y los cirios rotos, un carro por cierto que siempre parece que tiene una rueda trabada de lo que le cuesta al tío subir las pendientes.

En la cápsula hispalense somos felices como cochinos en el charco. Si es que pone uno la televisión, sobre todo el 13TV ese donde dan estupendamente las ceremonias vaticanas, y parece que este año sólo va a salir a la calle La Valiente. Qué canguelo, oiga. Si el señor Iglesias alcanza la vicepresidencia, estamos a dos minutos de vivir en directo los reportajes históricos de don Nicolás Salas sobre la Sevilla de la Guerra Civil, con la única ventaja de que por fin veríamos en pie el Palacio de los Sánchez-Dalp. Y que el café Laredo seguiría siendo el Laredo y no el mamarra...

-¡Bueno, pararse ahí!

Aquí, decíamos, somos felices en la cápsula con un alcalde socialista, obrero y español; de traje y corbata como Dios manda, de chaqué en las liturgias catedralicias y de cumplimentar a don Juan José cuando toca. A Don Zoido nunca lo vimos bajo palio. El último al que vieron bajo palio en una Catedral fue a un señor bajito vestido de militar que sale a veces en el Cuéntame, el mismo que no necesitó ningún voto prestado para su particular investidura.

A Espadas le sienta el palio estupendamente. Su asesor espiritual, Enrique Belloso, está feliz de ver a su alcalde como un político de orden, como Dios manda, en las cosas de Sevilla en las que un alcalde debe estar. Empieza la cuaresma, en España no hay Gobierno, y aquí todo sigue igual. Los veladores están en su sitio. El alcalde, en el suyo. Zoido está feliz en los Madriles chinchando a Arenas con su nuevo cargo. Y el personal, a la búsqueda de las sobras del proceso de renovación de las sillas y palcos. Por seguir todo igual tenemos hasta la noticia de que Monteseirín vuelve a estar con nosotros justo cuando Espadas retoma la idea de ampliar el trazado del tranvía. Lo dicho: nada cambia. España se mueve entre tembleques y Sevilla es la reserva espiritual de la nación.

Si a este alcalde sólo le falta comer melva para ser perfecto. Qué mal está repartido el mundo. Unos con tanta melva. Y otros con tan poca...

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