la esquina

José Aguilar

Alcalde antes que presidente

HAY que reconocerle su coherencia al presidente del Partido Popular de Andalucía y alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido: dice lo mismo en Sevilla que en Málaga. No es de esos políticos -casi todos- que amoldan sus discursos según sea la audiencia a la que se dirigen.

Lo malo, para él y para su partido, es que la sinceridad de que hace gala dejan al descubierto las contradicciones objetivas que le acarrea su doble condición. Por un lado, es el líder de una organización que aspira, con fundamento, a gobernar Andalucía. Por otro, es el alcalde de la capital de Andalucía, una comunidad con viejos problemas territoriales y atravesada por los agravios comparativos. Como presidente del PP, ha de ser equitativo y luchar por los intereses de todas las provincias. Como alcalde de Sevilla, ha de barrer a favor de sus electores sevillanos.

A veces no es posible. Por ejemplo, con el Metro. Ante el frenazo a los proyectos metropolitanos de Sevilla, Granada y Málaga por la imposibilidad inversora reconocida por la Junta de Andalucía, Zoido se inclina claramente por hacer el de su ciudad, con la consiguiente alarma y rechazo de granadinos y malagueños (y del PP granadino y del PP malagueño). Ha querido matizar su apuesta mediante un truco: pedir que se hagan los tres. No cuela, porque la política consiste en elegir prioridades, sobre todo cuando los recursos son escasos. Sencillamente, el Gobierno andaluz carece de presupuesto para los tres metros. Hay que optar. Y si Zoido fuera presidente de la Junta también tendría que optar.

Por ejemplo, con la capitalidad. Juan Ignacio Zoido defiende, en Sevilla y en Málaga y donde quiera que le escuchen, un estatuto de capitalidad para Sevilla, como el de Barcelona, Palma o Santiago de Compostela, del que se deriven beneficios de distinto tipo para la ciudad de la que es alcalde. Su compañero de partido Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, rechaza frontalmente esa posibilidad, que considera discriminatoria y dañina para el resto de las capitales, pero otros alcaldes populares piensan lo mismo sin decirlo en público. La antañona rivalidad entre Sevilla y Málaga reverdece con estas tomas de postura.

Comoquiera que Zoido insiste, cada vez que puede e incluso cuando no debe, en ejercer mucho más como alcalde de Sevilla que como presidente del PP andaluz, yo he llegado a una conclusión, por supuesto provisional y revisable: este hombre ya ha decidido que no será el candidato del PP a la Junta de Andalucía. Y se siente más alcalde sevillano que ninguna otra cosa. Si no, no se entienden tanta coherencia y tanta contumacia. Ahora bien, le está creando un problema grave a su partido. Siendo su presidente.

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