la ciudad y los días

Carlos Colón

Alerta roja

TITULARES en un domingo de alerta naranja. Monteseirín firmó una cesión ilegal de suelos dos días antes de las elecciones, pese a que la Secretaría General del Ayuntamiento le advirtió que incumplía cinco artículos de la Ley y del Reglamento de Bienes de las Entidades Locales de Andalucía. Manuel Marchena, ex gerente de Urbanismo, declara el jueves como imputado en el caso Mercasevilla. El Supremo pone fin al litigio de la biblioteca del Prado dando la razón a los vecinos y dejando en una situación comprometida al rector y al anterior gobierno municipal. En el grisáceo y asfixiante domingo en el que caía plomo fundido del cielo también podía leerse que los tres hospitales sevillanos cierran hasta 661 camas en verano con plantillas al mínimo, y que la actividad quirúrgica y las consultas externas disminuirán hasta un 65% en agosto; o que la Fiscalía de Cádiz denuncia la malversación de 3,6 millones de euros en Educación.

No en alerta naranja, sino en alerta roja debería estar el PSOE. Porque está que arde entre escándalos, denuncias, imputaciones y fallos en su contra. A lo que cabría añadir su fracaso -por mala gestión o por meter presuntamente la mano- en áreas, como la educación y la sanidad, que eran puntos fuertes históricos de la izquierda. Como ustedes comprenderán todo no puede ser intoxicación urdida por la derecha, conspiración reaccionaria o acoso de los medios conservadores. Ya no vale cerrar filas y acusar a la oposición y a sus sayones mediáticos de inventar o exagerar los males que se le achacan. Debajo de la alfombra municipal no dejan de aparecer basurillas que, en el caso de la Junta, abultan tanto que se adivinan aún sin quitarla.

La alerta roja debería servir para que el PSOE se resanara desde dentro. Tiene principios positivos y socialmente necesarios a los que acudir para regenerarse desde su origen; y una historia centenaria que no debería tirar por la borda. Por desgracia algunos de sus peores enemigos son internos; muchos de quienes lo jalean lo hacen por partidismo irracional o para salvaguardar sus intereses; han proscrito la autocrítica y descalifican como de extrema derecha toda crítica externa. Así tienen difícil esa necesaria autorregeneración que para este país bipartidista es tan importante. Se puede decir del actual PSOE -nacional, autonómico y local- lo que un santo dijo de la Iglesia de su tiempo: "¡Señor, qué pocos y malos servidores tienes!". El problema es que la Iglesia puede esperar una ayuda providencial, mientras que los partidos dependen por entero de la voluntad de quienes los integran y dirigen.

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