Cuchillo sin filo

francisco Correal

Algarinejo

GIANLUCA Pagliuca. Hans Magnus Enzensberger. Rabindranath Tagore. Mayrata O'Wisiedo. Ninguno de ellos tendrá una calle en la localidad granadina de Algarinejo, cuyo Ayuntamiento, gobernado por una mayoría de ediles del Partido Popular, ha decidido suprimir del callejero a Mahatma Gandhi con la excusa de que era un nombre muy difícil de escribir. Tan difícil, y hermoso, piensa uno, como escribir Algarinejo, uno de esos muchísimos topónimos que enriquece la enjundia de los periódicos y los informativos porque la sacude de la modorra monocorde de las grandes capitales, los centros de decisión, aunque sólo sea porque a Gandhi lo han mandado al destierro postal.

La gente es muy celosa del nombre de su gente y de sus pueblos. Lo dice quien presume de ser nieto de doña Fronilda Ruiz, hija de Santa María de Aguayo, cerca de Reinosa, y de don Benigno Correal, militar manchego que amaba los toros y aborrecía el fútbol. La pragmática de los ediles populares de Algarinejo ha unido en alianza casi eterna los nombres de este pueblo de la comarca de Loja con el de Mahatma Gandhi, a cuya encarnación cinematográfica, el actor Ben Kingsley, descubrimos no hace mucho tomando una cerveza en la cernudiana plaza del Pan de Sevilla en un descanso del rodaje de la película El dictador. En Aracataca, el pueblo colombiano donde Gabriel García Márquez situó el universo de Macondo, hubo hasta un referéndum en el que la mayoría de sus habitantes rechazaron cambiarle el nombre oficial a la localidad por el literario. Macondo se volvió con el rabo entre las piernas a la sección de realismo mágico de las bibliotecas de las que no debió salir porque todos volveremos a Región.

El cartero, interpretado por Jesús Guzmán, era uno de los personajes centrales de Crónicas de un pueblo, la serie que Antonio Mercero realizó para hacer pedagogía del Fuero de los Españoles. En ese pueblo televisivo cuya sintonía acompañó a Luis del Olmo en Protagonistas Macondo le ganó la batalla a Aracataca. La ficción terminó siendo más real que la realidad. Y ahora, en pleno retroceso del correo postal -el otro día descubrí al escritor José María Conget comprando sellos para echar una carta- le facilitamos las cosas a los competidores de Miguel Strogoff con este galimatías de callejeros en cuyo destierro de pares e impares conviven Pilar Bardem y el general Merry.

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