Desde mi córner

Luis Carlos Peris

¿Alguien reparó en que mañana hay partido?

OSERVANDO cuantas cosas ocurren en el nido verde, blanco y verde hay que irse al viejo dicho de que si tuviera un circo le crecían los enanos y al trapecista le sobrevendría un ataque de vértigo insuperable. No deja de pasarle cosas y cuesta mantener la atención en lo que verdaderamente cuenta, que es enderezar el comportamiento en el campo para dar con la senda del retorno a Primera División, el único objetivo de este curso.

Entre errores arbitrales que, curiosamente, suelen caerle de forma desfavorable, el feo asunto de su goleador o la vocación de piloto de carreras de uno de sus asalariados mejor pagados, el Betis ve estupefacto cómo una sinvergonzonería le salpica. Estar bajo sospecha por el presunto comportamiento de su tropa en los dos últimos partidos de la temporada más ominosa que se le recuerda es la guinda a una trayectoria gratuitamente plagada de tribulaciones.

Partiendo de la obligada presunción de inocencia, hay quien se pregunta, nos preguntamos, cómo es que Jordi Figueras no ha dicho esta boca es mía. Es más, lo de que quien calla otorga flota en el ambiente y algo más pernicioso aún es que del partido de mañana con el Girona apenas se habla. Ya hablaron algunos para poner la mano en el fuego por su compañero, pero lo de arriesgar a achicharrarse la mano no ayuda a dejar en buena posición el nombre del acusado.

Por lo pronto, lo que parece auténtico es que de la caja del modélico Osasuna que no fue obligado a convertirse en sociedad anónima falta un pastón. ¿Dónde fue a parar? Esa es la cuestión y, mientras tanto, el fútbol sigue y en el Real Betis Balompié, del que nadie sabe qué habrá hecho para merecer esto, no se habla de fútbol sino de sucesos paralelos.Y asomando la oreja, ese sorprendente Girona que vive en las alturas y que puede beneficiarse de tantas distracciones.

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