La ciudad y los días

Carlos Colón

¿Alianza de qué?

Lo que ha pasado y lo que podría haber pasado en Bombay -porque si los terroristas islamistas asesinaron a 195 personas, su plan preveía la muerte de más de 5.000 inocentes- vuelve a llamar la atención sobre el mayor peligro al que el mundo se enfrenta. Mayor que el cambio climático y que la crisis económica. El primero estamos a tiempo de corregirlo y contra la segunda ya se está reaccionando. En cambio, contra el terrorismo islamista parece que nada puede hacerse, al menos de momento, con garantías suficientes de éxito. Y se trata, hay que repetirlo, de un peligro mundial que amenaza por igual a cristianos, judíos, budistas, hinduistas o islamistas moderados; que golpea por igual a países ricos, en vías de desarrollo o pobres; que asesina en América, Europa, Asia y África. Tiene la fuerza letal de quienes no respetan ni la vida ajena ni la propia, la furia ciega del fanatismo y la brutal eficacia de un ejército dispuesto a morir matando. "La frialdad de los terroristas conmociona a la India. Los supervivientes relatan escenas terribles de crímenes sin piedad", titulaba ayer un periódico. "He hecho lo correcto, no tengo remordimientos", se ufanaba uno de los terroristas.

Esta despiadada frialdad inauguró una nueva era en el terror internacional con el ataque a las Torres Gemelas en septiembre de 2001, asesinando a 3.000 personas en el corazón de Nueva York, y ahora, siete años más tarde, inaugura otra era con el ataque contra Bombay. Esta ciudad ha sido duramente golpeada por el fundamentalismo islamista en otras ocasiones, baste recordar los 59 muertos de agosto de 2003 y los casi 200 muertos de julio de 2006. Pero nunca había sufrido la terrible novedad de la táctica terrorista-guerrillera del ataque coordinado que ahora la ha golpeado fallando en parte, afortunadamente, en la consecución de sus objetivos.

Frente a esta amenaza sólo cabe una alianza universal contra el terrorismo islamista, no ese invento de la Alianza de Civilizaciones propugnada por nuestro Gobierno. Antonio Elorza, en su artículo De Granada a Bombay (El País, 29-11-08) que les recomiendo calurosamente, da cuenta de esta estulticia propagandística a propósito de unas jornadas que se acaban de celebrar en Granada. "Para cerrar el círculo -escribe-, nuestro Gobierno aprovechó la ocasión convirtiéndose en paladín de una Alianza -no de un necesario diálogo-, que con el pretexto de acercar a las religiones se dedica a fomentar esa actitud reverencial hacia el Islam (de hecho hacia el islamismo), donde no cabe aproximación alguna a la realidad y sí el visto bueno al anti-occidentalismo".

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