La ciudad y los días

Carlos Colón

Allan Poe en Alcosa

APOYÉ la mano sobre la sólida muralla de la catacumba y me sentí satisfecho. Volví a acercarme al nicho y contesté con mis alaridos a aquel que clamaba. Fui su eco, lo ayudé, lo sobrepujé en volumen y en fuerza. Sí, así lo hice, y sus gritos acabaron por cesar". Lo que Allan Poe imaginó en su relato El tonel de amontillado se está haciendo realidad en la Plaza de los Luceros del Parque Alcosa. Unos vecinos están siendo emparedados vivos por un centro comercial que se alza a 1,90 metros de sus ventanas y balcones. La oscuridad a mediodía, como tituló Arthur Koestler su novela contra el totalitarismo comunista. El caso de la Plaza de los Luceros obliga a convocar una tercera autoridad literaria, Kafka, ya que según el Ayuntamiento "la licencia está ajustada a derecho", aunque "otra cosa es que haya un parámetro mal ajustado". Para averiguar si en Sevilla se puede emparedar vivos a unos vecinos cumpliendo -como ha dicho el gerente de Urbanismo- con la normativa vigente, se van a paralizar las obras y abrir un expediente sancionador e informativo. Los vecinos esperan con ansiedad los resultados, ya que lo que se juegan es ese imprescindible bien llamado luz del día que diferencia una vivienda de una mazmorra.

La cosa se ha parado siquiera de momento porque, a diferencia del personaje del cuento de Allan Poe, los gritos de los vecinos no han cesado. Gritar es necesario para hacerse oír cuando las palabras no son atendidas. Manifestarse es necesario para hacerse respetar cuando los derechos son vulnerados. Gritamos poco y nos manifestamos poco, aunque nos quejamos mucho, en esta Sevilla nuestra. Y mira que los ciudadanos son poco oídos y peor atendidos. Cuéntenselo a quienes sufren día tras día la degradación de barrios que antes fueron amable y dignamente modestos. Cuéntenselo a los vecinos de los números 32 y 34 de Manuel Arellano, que ven cómo sus viviendas se agrietan y sus bloques sufren desplazamientos por efecto de las obras del aparcamiento de Crucero Baleares (nombre lleno de presagios de hundimiento). Cuéntenselo a los vecinos del Arenal, Julio César, Marqués de Paradas o Reyes Católicos que van a perder 133 plazas de residentes del aparcamiento del Paseo de Colón. Cuéntenselo a los vecinos de Diego de Riaño que no pueden dormir por los ruidos del tránsito y limpieza de los convoyes del Metrocentro en las cocheras de la avenida de Málaga. Todos tienen graves cuestiones pendientes con un Ayuntamiento que, no sólo no les oye ni soluciona sus problemas, sino que no pocas veces los crea. Por eso gritan y se manifiestan. Si despertara la ciudadaníaý

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