Crónica personal

Pilar Cernuda

Aló presidente

NADA que ver con lo que es habitual en una visita de un jefe de Estado. Chávez dio la impresión de tomarse el viaje a España a titulo de inventario, respondió a las preguntas lo que le dio la gana, habló de Bolívar con el mismo entusiasmo que si se dirigiera a los ciudadanos de su país en las peroratas domingueras del Aló presidente y únicamente dio dos noticias en su rueda de prensa:bromeó con el Rey sobre el "¿por qué no te callas?", y aseguró que cuenta con Repsol para intervenir en la fructífera franja petrolífera del Orinoco.

Chávez hizo esfuerzos por mostrarse amable con el Rey, porque de esa manera se dejaba atrás la escena de Chile, tan reproducida, escuchada y comentada. Después, en Moncloa, Chávez se avino a abordar las cuestiones que importan a España: la defensa de los intereses de nuestras empresas en Venezuela y de los miles de españoles que viven allí, y la defensa de nuestro derecho a exigir que los terroristas sean tratados como tales en los países en los que buscan refugio.

En Moncloa pueden respirar tranquilos: se trataba de un viaje de alto riesgo en el que se empeñó un Zapatero que además involucró al Rey -que nunca puede oponerse a una indicación del Gobierno-, pero las cosas salieron bien, probablemente porque la persona más perjudicada por las malas relaciones con España, y sobre todo con el incidente del "¿por qué no te callas?", era precisamente Chávez, que ha comprobado con preocupación cómo la oposición ha utilizado con éxito esa frase que ha convertido en lema, cómo esa frase le ha colocado en ridículo ante medio mundo, y cómo esa frase se pronunció masivamente en su país cuando se convocó a los ciudadanos a un referéndum que él quería ganar y que perdió de forma tan clara que no tuvo más remedio que aceptar el resultado.

No se puede evitar un cierto sabor amargo ante el viaje del presidente venezolano. Llegó a España precisamente cuando los principales dirigentes europeos recibían a un Barak Obama que tiene muchas posibilidades de ser presidente de Estados Unidos, un Obama que ha encandilado a los ciudadanos europeos como se ha visto en sus comparecencias públicas, un Obama que no ha tenido el menor interés en encontrarse con Zapatero. Claramente, no lo considera un dirigente europeo relevante, y eso evidentemente duele a cualquier español que quiere ver muy alto el pabellón de su país en la esfera internacional, y al que gustaría que su presidente tuviera mando en plaza en la Unión Europea. Lo que ocurrió con Felipe González y ocurrió con Aznar, pero que no es el caso de Zapatero.

El viaje de Chávez a Mallorca y Moncloa abre la posibilidad de reconducir cuestiones relevantes que iban mal, pero no ha sido una visita como para tirar cohetes.

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