Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Alquimia

INTRIGAS de pasillos, profesores incomprendidos; un claustro lleno de diferencias y un jefe de estudios mentecato; desencuentros generacionales y alumnos sin barrillos embarcados en la desidia y las drogas. Ya lo murmuraba la lacia Jeanette, "soy rebelde porque el mundo me hizo así". Esta consigna ha funcionado desde hace siglos. Conviertan esas premisas en un guión, añádanle algo de tensión sexual y una pizca de actualidad convertida en oportunismo, y les sale una serie de adolescentes y problemas la mar de apañada, para varios años. Física o química es esa misma ficción de instituto de toda la vida, con arquetipos tomados de la tabla de elementos. Un Al salir de clase con más presupuesto. Muy parecida, salvando las distancias en el tiempo, a aquella fallida Segunda enseñanza de Ana Diosdado, pero con tintes realistas adaptados al siglo XXI. La serie de Antena 3 arranca con un suicidio, otra coincidencia con aquel estreno de TVE de 1984 (cuando Jorge Sanz se ahorcaba para huir de un padre demasiado exigente) y que desencadenó una polémica como sólo podía ocurrir en aquellos tiempos de monopolio.

Física o química, de alquimia facilona, está revestida de drama duro, con carburos llamativos como el debut de Blanca Romero, dedicada hasta ahora a la pasarela y a ser "ex". Su papel es el de una profesora que encuentra a su último amante entre los alumnos de su clase. Morbillo, nada más. Física o química es una serie prescindible y previsible, de ritmo aburrido en su capítulo de presentación de personajes, y que se deja en manos de la concurrencia joven: la que tendrá en su mano la supervivencia o no de esta ficción. Al menos, a su favor, hay que anotar que intenta alejarse del merengue al estilo high school de The OC o de aquella Sensación de desvivir de pijos de jersey amarillo. Todas ellas son series de gases nobles que caerán por la ley de la gravedad.

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