al punto

Juan Ojeda

Altura de miras

HOY comienza en el Congreso el debate de investidura, que concluirá con la elección del nuevo presidente del Gobierno de España. La cosa está clara, puesto que la mayoría absoluta del PP le permitirá llegar a la votación sin necesidad de conseguir apoyos de otros grupos. Pero una cosa es la necesidad y otra la virtud. Y en este caso, la virtud estaría en conseguir el respaldo de algunas otras fuerzas políticas, bien sea a través del voto positivo o, en su caso, de la abstención. Es evidente que pedirle esto al PSOE sería demasiado, pero se podría intentar, y se está intentando, con Convergencia, UPyD, e incluso con el PNV. Y sería bueno conseguir algunos de estos apoyos, no por el hecho de apuntarse un tanto político, sino porque, en los tiempos que corren, los consensos van a ser mucho más importantes que hasta ahora. Se puede gobernar y legislar a golpe de mayoría parlamentaria, pero, en circunstancias como las que vivimos y las que todavía nos quedan por vivir, es necesario un esfuerzo extra de convicción.

Por tanto, si en la votación de investidura se lograse el apoyo de alguno de los grupos citados, o de algún otro minoritario, se daría una imagen no sólo de fortaleza política, sino de complicidad en el diálogo y en las posibilidades de futuros entendimientos. Esto sería bueno para el consumo interno porque la inmensa mayoría de los ciudadanos, preocupados por su presente y por su futuro, considerarían un buen regalo de Navidad el encontrarse con un aceptable nivel de consenso entre sus representantes políticos, superior al que hasta ahora hemos conocido, que ha sido más bien escaso. Asimismo, esto daría una imagen absolutamente favorable hacia el exterior y reforzaría las posibilidades de actuación del nuevo Gobierno en sus relaciones internacionales, incluidos los mercados, en un periodo de cambios y reformas importantes.

Es lógico que en la consecución de ese deseable consenso, el PP, porque va a gobernar, tiene que hacer mayor esfuerzo que los demás, tiene que pedirlo y a él le corresponde dar los primeros pasos. Pero también la oposición ha de asumir su propia responsabilidad y facilitar que esos acuerdos sean posibles. Como es lógico, en este tipo de negociaciones suele haber un toma y daca y, mientras que el PP, con su mayoría absoluta, se puede permitir ser generoso, el resto de los grupos políticos no pueden ir a plantear peticiones excesivas. Este es el momento, pasada la refriega electoral, donde cada uno ha hecho lo que ha podido, de actuar con otros criterios, o sea, con altura de miras.

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