la ciudad y los días

Carlos Colón

Amarillean las hojas de Julio Verne

ENTRE las ocho y las nueve de la mañana. La ciudad en blanco y negro, con las dos únicas notas de color del verde intenso de las hojas de los árboles y las luces amarillas de las ventanas y los bares. Se puede comprender que las luces rompan la bicromía de esta mañana en blanco y negro. Pero es un misterio que se logre imponer a ella el verde de las hojas de los árboles que saludan el agua que las revive tras meses de calor y las libera de la asfixiante mortaja de barro de una lluvia africana, ofreciéndole sus ramas como si fueran manos alzadas en acción de gracias. Ruido de neumáticos sobre el asfalto mojado. Cielo uniformemente gris. Brillo de adoquines mojados. Repiqueteo de gotas sobre la tensa tela de los paraguas. Hilera de lucecitas tristes bajando del Aljarafe. Cristales empañados de las ventanas de los autobuses.

Pese a todo, pese a tanto y a tantos, vale la pena haber nacido sólo por este primer despertar oyendo caer la lluvia; por este instante gris en el que sentimos el primer, leve, frío y percibimos ese limpio e indescriptible -¡harían falta tantas palabras!- olor a mañana lluviosa al bajar las escaleras y pararnos en el portal para abrir el paraguas; por el murmullo de esta primera lluvia cayendo sobre las calles, las marquesinas, los paraguas. Todo parece suceder por primera vez, maravillándonos como si fuéramos niños, en este instante en el que caben todos los recuerdos de todas las primeras mañanas de lluvia de todos los otoños de nuestras vidas.

…Y Julio Verne, como siempre que llega el otoño. El Conde de Artigas ha secuestrado al excéntrico inventor Tomás Roch y a su cuidador de Heathful-House, el elegante y caro manicomio de New Berne, Carolina del Norte; y su goleta Ebba se aleja por la ensenada del Neuse, camino del mar abierto. Huelen a papel amarilleado las páginas del viejo libro. Y este olor evoca otros a cuero nuevo de zapatos Gorila y carteras que se llevaban a la espalda, goma de borrar y virutas de lápices recién afilados, clases que en las primeras horas de la mañana olían a ropa mojada y papel nuevo de cuadernos Rubio de doble raya para ejercicios de caligrafía con escritura inclinada. Reanudo la lectura. Capítulo V, "¿Dónde estoy? (Notas del ingeniero Simón Hart)": "¿Dónde estoy? ¿Qué ha sucedido desde la agresión repentina de que he sido víctima a la entrada del pabellón diecisiete?"… Mientras se lo pregunta, el barco en el que está secuestrado junto al excéntrico inventor del arma total, el Fulgurador Roch, se aleja en la noche mar adentro y los faros del litoral americano desaparecen en las brumas del horizonte. Huelen a otoño las páginas de este viejo libro que, a diferencia de las de los árboles, amarillean sin caer nunca. Sigue lloviendo.

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