hoja de ruta

Ignacio Martínez

Amenaza a la pesca

UNOS dos mil empleos pesqueros en Barbate, Conil y Algeciras están amenazados por la ruptura del acuerdo entre la Unión Europea y Marruecos. Veinte cerqueros y 23 palangreros se quedan sin su caladero natural. La UE deambula desorientada. Su lastre no es sólo la crisis. La falta de identidad tras las últimas ampliaciones y una generación de dirigentes de segunda fila, en la que los pesos pluma parecen gigantes, completan el penoso retablo de una Europa que se comía el mundo en los 90 y ahora le falta autoestima.

El último episodio ha sido la hombrada del Parlamento Europeo, paralizando el tratado de pesca con Marruecos, porque incluye aguas del Sahara cuya soberanía no tiene. La levedad del europarlamento sólo es superada por el Senado español. A esta hazaña contribuye la comisaria griega Maria Damanaki, que fue una joven diputada comunista y una belicosa presidenta del partido de izquierda radical Synaspismos, antes de buscar acomodo en el Pasok, y entrar en la Comisión. Damanaki sostiene que los nuevos tratados de pesca tienen que respetar la sostenibilidad medioambiental, el beneficio económico y la legalidad internacional.

Está muy bien la defensa de los derechos humanos, pero la hipocresía europea es infinita. Se negocia cualquier cosa con Marruecos que suponga ventajas para la producción industrial del norte europeo, sin acordarse del Sahara. Mejor aún, se firman sin complejo acuerdos comerciales con la mayor dictadura del planeta, China, a la que se dan a ganar cientos de miles de millones de euros. Los derechos humanos pueden esperar. Sin embargo, se puede golpear a Marruecos en el culo de los pescadores andaluces o canarios, provocando más paro en zonas deprimidas y perjudicando a España, que es el país que más ayuda a los saharauis.

La situación es mala. Pero puede empeorar: en junio termina el acuerdo con Guinea Bissau y en julio el de Mauritania. Allí hay unos 40 marisqueros congeladores de Huelva. Los mauritanos después de cinco rondas negociadoras no se han movido un ápice. Este es el cuadro: Andalucía pinta poco en España, España no pesa en Europa, y Europa empieza a ser intrascendente en el mundo.

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