Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Ana Teresa

ME imagino a PaoloVacile llevándolas de la oreja para reunirlas en el plató y regodearse: "Estos son mis poderes", habría dicho dicho el consejero delegado de Telecinco, señalando a la pantalla y abanicándose con la sentencia contra La Sexta. Sin imágenes de Sé lo que hicisteis se eliminaban los testigos molestos de ese encuentro AR-Campos y del autbombo por la entrevista al sinvergüenza redomado de Roldán. Qué orgullo ¿eh?

Fue un choque de trenes moderado, y suavizado aún más por el anuncio de la malagueña de haber superado un cáncer, palabra que no nombró, en su reciente convalecencia. María Teresa reconoció ante su rival que era la "reina madre", postrándose ante su heredera, pero después de una sucesión de reproches y expresiones picajosas más propias de una abuela despechada que de una periodista. A la Campos, de blanco, le decepcionó sobre todo el silencio de su antigua colega en Radiocadena cuando era el centro de los dardos envenenados de Telecinco. Su entrevistadora, a ratos entrevistada, se contenía, y pisaba las acusaciones de "antipatía mutua".

La perla más sincera de María Teresa fue ésta: "hay días infernales en que soy una auténtica hija de puta". Escuchados a sus muchos detractores en la profesión, su infierno ha debido de ser frecuente. Ayer, hasta Josto Maffeo, el impecable comentarista de la prensa en La mirada crítica, se justificaba ante la conductora de sus reprimendas por la abundancia de noticias negativas. Y en ese mismo programa, que antecedía a la aparición estelar en AR, el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, protestaba a Teresa por sus preguntas tan largas que le habían impedido responder a gusto, con réplica quejica. El ego es el gran problema de las dos matinales de Telecinco.

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