hoja de ruta

Ignacio Martínez

Andalucía, como Teruel

UNO se puede quedar con lo que quiera de estos debates de investidura. Históricos. De hecho, sólo ha habido seis presidentes de Gobierno en España desde las primeras elecciones democráticas de 1977. Si prescindimos del efímero Calvo Sotelo, que no había sido candidato, caben a casi siete años, que no está mal; es un buen signo de estabilidad. Pero me quedo con dos detalles del debate. Que el portavoz de Amaiur se llame Antigüedad es toda una paradoja. El último terrorismo de Europa, aún no disuelto, tiene unos amigos políticos con una fuerte base social. Tanta, que tienen siete diputados en el Congreso, que este cronista vería justo que formasen grupo parlamentario. Celebro que Antigüedad diga que el abandono de la violencia es irreversible y que no han venido al Congreso a pedir la independencia. Pero eso sí, su empecinamiento en el conflicto político se ha quedado un poco antiguo; un par de siglos...

La otra cosa que me llama la atención es que ayer en la Carrera de San Jerónimo se ha levantado un diputado del Bloque para pedir que se aceleren las obras del AVE a Galicia. Un asturiano del Foro describió las reivindicaciones del principado sobre fondos mineros, sector naval o industria siderometalúrgica. Un vasco del PNV demandó una interlocución privilegiada con Euskadi en materia de I+D+i y política industrial. Un navarro de UPN reclamó el mantenimiento del statu quo foral. Un catalán de CiU, que pretendía un pacto fiscal semejante al vasco y al navarro, porque dice que España empobrece a Cataluña. Un valenciano de Compromís que denunció la corrupción de su gobierno autónomo. Una canaria de CC que reclamó la prórroga de la bonificación de las tasas aéreas, la reforma del régimen fiscal de las islas y la anulación del veto del Parlamento Europeo al acuerdo de Pesca con Marruecos.

Tantos y tan variados portavoces regionales hacen que ya haya tantas regiones con voz en el Congreso como sin ella. Entre otros, ha vuelto la Chunta. Y el aragonés que ocupa el puesto que en su día tuvo Labordeta ¡habló ayer de Teruel!, que hasta ahora era el paradigma del territorio transparente, inexistente. Para demostrarlo, alguien con muy buen tino se inventó el eslogan de Teruel también existe. Bien, pues servidor reclama desde aquí, que Andalucía también existe y nadie la ha mencionado en este debate de investidura. También hay aquí una tasa de paro muy superior a la media nacional, la amenaza de un fuerte retroceso en las ayudas de la PAC, angustia ante la pérdida del caladero marroquí, y mil otros problemas, sin nadie que los airee.

Todo eso estuvo ausente en el debate. Este festival de regiones defendiendo sus intereses produce una España de dos velocidades: con y sin representación en el Congreso, que es un altavoz imprescindible. Y Andalucía está en la misma posición teórica de Teruel.

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