la tribuna económica

Joaquín / Aurioles

Andalucía desorientada

EN la presentación de informe trimestral de coyuntura Analistas Económicos de Andalucía se pronostica una caída de la actividad del 1,9% en 2012 y del 1,6% para el año que viene. El pasado martes se conocieron las previsiones de BBVA, que son todavía algo peores y en ambos casos también más pesimistas que para el conjunto de España. Andalucía no solamente se hunde cada vez más en su colosal desastre económico, sino que también lo hace a más velocidad que el resto. Son 14 trimestres de crecimiento negativo de los 17 transcurridos desde que en el último de 2008 se registrase el primer episodio de contracción de la actividad económica. Desde entonces somos aproximadamente un 7% más pobres, lo que significa que cada año nos hemos empobrecido en torno a un 1,7%, hasta desembocar en una larga y profunda depresión, que es el camino por el que discurren las economías con ritmo plano de actividad y sin perspectivas de solución en el horizonte. A la vista de estos dos informes sólo cabe concluir que Andalucía, incapaz de encontrar un resorte al que engancharse para intentar sobrevivir al naufragio, se encuentra en una situación desesperada, cuyo reflejo en el mercado de trabajo adopta un perfil sobrecogedor, que llevará a finalizar el año con más de la tercera parte de la población activa en paro y el que viene por encima del 35%. Tras la destrucción de 350.000 de los tres millones de empleos que había a finales de 2008 y del aumento en más de medio millón de los 850.000 parados de la época, Andalucía ha conseguido afianzarse en el pelotón de cabeza de las regiones europeas más golpeadas por la crisis y con menor capacidad para crear empleo.

Son algunos de los grandes datos que permiten resumir la cruda realidad que debe enfrentar un número cada vez mayor de andaluces. También se acaba de publicar el informe de la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, que señala que cerca del 40% de los andaluces vive en situación de pobreza. Demoledor, pero tan significativo como la inversión de los flujos migratorios, la ausencia de perspectivas para los jóvenes y otras razones que hace tiempo deberían invitado a una profunda reflexión colectiva acerca de cómo salir del atolladero. La indignación suele suspenderse en época estival y de romerías, lo que me lleva confesar ahora mi rechazo a las movilizaciones por los recortes a la educación, si al mismo tiempo no se recupera el debate sobre el fracaso escolar o la ausencia de un modelo alternativo de futuro; a las andanadas contra el estado de las autonomías, sobre todo cuando proceden de las propias autonomías; o a la seducción que provoca entre los andaluces la discusión sobre las pretensiones independentistas en Cataluña. Pero sobre todo me indigna el clamoroso silencio de los partidos y de la sociedad sobre el fracaso del proyecto político de Andalucía. No se puede seguir ignorando que la época de la abundancia presupuestaria y la solidaridad entre las regiones desapareció hace tiempo del escenario y que "… la mitad de los problemas de la vida surgen cuando fingimos que no existen" (Edith Warton, escritora norteamericana del siglo XIX).

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